EL TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE. UNA OBRA MAESTRA DE LA ARQUITECTURA RELIGIOSA.

copia-de-foto0847-75foto0600-copiadscn7643-copiadscn7647-copiaimagen-2-179-copiaimagen-2-155-copiaimagen-2-163-copiacopia-de-imagen-2-187“Todo lo que se puede decir acerca de la belleza, que es un tema inagotable, tan inagotable como en la filosofía es el tema de la verdad, se puede reducir en esta frase: lo bello en el arte es lo auténtico y lo que se ha creado por necesidad. La obra de arte permanece, es un ser viviente con valor intrínseco; si no nos gusta es porque no sabemos descifrar su mensaje, porque no entendemos su lenguaje”.

(Adolfo Winternitz. Itinerarios hacia el arte).

“La escultura es un cuerpo desnudo, donde solamente lo verdadero, la esencia de lo que ella es, puede hablarnos. Por eso nosotros, los escultores, tenemos que preparar el terreno con la meditación antes de construir porque es solamente a través de esta disciplina y esa fuerza que la fantasía inventa toma forma y vida. No hay genialidad sin fantasía. No hay fuerza sin meditación”

(Ana Maccagno. ¿Qué es escultura?).

El templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe se encuentra ubicado en el Parque Unión Panamericana, del distrito de La Victoria, Lima. Obra de arquitectura moderna, en él las artes se integran en un monumental espectáculo de luces y colores, creando un ambiente festivo y adecuado para la celebración litúrgica.

La parroquia fue creada en 1956, siendo su primer responsable el sacerdote norteamericano Thomas F. Garrity, de la orden Maricknoll. Por su iniciativa se construyó el templo con dinero recaudado por los fieles durante una década. Fue inaugurado el 14 de abril de 1966, siendo padrinos los señores embajadores de veintiún repúblicas americanas.

El templo guadalupano es un claro ejemplo de “integración de las artes”, cuando arquitectos y artistas plásticos crean una obra conjunta. Aquí trabajaron el arquitecto Jacques Granadino, el vitralista Adolfo Winternitz y la escultora Ana Maccagno. Y es una notable muestra de arquitectura religiosa moderna que asume los principios del Concilio Vaticano II. Su propuesta “centraliza el espacio a través de la acumulación de tres naves orientadas hacia el altar desde diferentes direcciones, definiendo una planta poligonal cóncava” (Miguel Ángel Vidal: Crisis tipológica en las iglesias de Lima en el siglo XX).

LAS OBRAS DE ARTE

En la fachada -sobre la puerta principal y mirando a la calle- se encuentra una gran escultura de Ana Maccagno en acero inoxidable que representa a la Virgen María. Tiene cuatro metros de alto y resalta su volumen plateado sobre el muro, en contraste con un sutil bajorrelieve que muestra los rayos solares y la luna, atributos marianos apocalípticos. A su lado hay una inscripción que remite al texto aparicionista Nican Mopohua: “Yo soy la Madre del verdadero Dios”.

El recinto sacro tiene una gran nave central y dos laterales. El techo es alto y brinda una sensación de monumentalidad. Dos confesionarios están empotrados en las paredes y hay una capilla para el Santísimo Sacramento apropiada para la oración y la meditación personal.

En el presbiterio -detrás del altar- hay una escultura en bronce de Cristo en la cruz; es una versión personal de Ana Maccagno, artista italiana radicada en el Perú y merecedora de las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta (1993). Se trata de Jesús vivo resucitado; el Redentor tiene las manos desclavadas y elevadas hacia lo alto, prefigurando la Ascensión. El cuello largo y delgado de Cristo, su cuerpo estilizado y la disposición vertical, contribuyen a generar esa sensación de ascenso y vocación de infinito.

En el templo hay cuatro vitrales en vidrio-cemento y cinco vitrales emplomados del pintor y vitralista Adolfo Winternitz. Las paredes están pintadas de un blanco-cremoso para no competir con los efectos que producen las lunas coloridas.

El altar está orientado hacia el este -por donde sale el sol- como ocurre con los templos antiguos. Encima hay vitrales en vidrio emplomado (vidrieras delgadas). Al centro está representada la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad, simbolizada por una corona y tres círculos enlazados. En esta imagen principal predomina el color amarillo. Al lado derecho donde se aprecia la estrella de Belén está representado el Adviento. Al lado izquierdo, el camino al Calvario y las espadas de dolor que atraviesan el corazón de María. Es notable el ritmo de estos vitrales laterales con una sensación de movimiento que contrasta con la calma estática del vitral principal.

La iluminación del altar al amanecer, cuando se hace visible Cristo el “Sol de Justicia” es un suceso sensorial y místico inolvidable. Incluso a cualquier hora del día, participar en la misa de cara a los vitrales es una experiencia inefable.

Otros vitrales están en las paredes, en los ángulos formados por la nave central y las naves laterales; en este caso son de vidrio-cemento (vidrieras gruesas). Uno representa al Génesis -el Espíritu de Dios aleteando sobre las aguas y los astros suspendidos en el cosmos- y otro a la Virgen -en azul- en el momento de la Anunciación.

En la capilla del Santísimo -que antes tenía sus paredes recubiertas con madera- hay dos vitrales pequeños, con ángeles que custodian una réplica de la imagen guadalupana y la hostia consagrada.

Todos los vitrales mencionados hasta aquí son abstractos, entendidos de esta manera: “El arte abstracto está siempre unido a una figura, pero de ella abstrae todo lo exterior y anecdótico y expresa solo su contenido íntimo, lo esencial” (Winternitz. Itinerarios hacia el arte).

En el frontis del templo, a ambos lados de la entrada principal hay vitrales en vidrio-cemento. Están orientados hacia el oeste y representan escenas apocalípticas. El estilo cambia a figurativo. Según la definición del artista: “El arte figurativo es simplemente un arte sugerido por algo natural del mundo visual” (Itinerarios hacia el arte).

En uno se aprecia al Cristo de la visión de San  Juan con los cuatro jinetes del Apocalipsis. En el otro lado vemos la escena de la Mujer y el Dragón. Los vitrales se acomodan a ambos lados de un gran volumen curvo en forma de trapecio  que originalmente era gris oscuro. Esto realzaba el impacto visual de los vitrales, pero hace varios años se le aplicó el mismo color del resto del templo.

Winternitz tuvo predilección por las escenas inspiradas en el Apocalipsis, por eso las volvió a trabajar en su obra póstuma para la Parroquia San Francisco de Borja.

ALTERACIONES

Lamentablemente el año 2014 se desvirtuó el diseño original planteado por los artistas. En el atrio del templo se ha instalado una de esas piletas de cemento de dudosa inspiración “neocolonial”, elemento intrusivo que altera la visión de la fachada monumental del templo y compite con la escultura de acero de la Virgen María.

Por otra parte, hacer piletas para jugar con el agua en una ciudad enclavada en un desierto, es ignorar todos los principios ecológicos y de sustentabilidad ampliamente discutidos en los últimos años. En todo caso si querían una pileta podían instalarla en otra área pero nunca delante de la portada del templo.

A lo largo de los años se fueron agregando diversas imágenes devocionales en el interior del templo. Esta saturación neobarroca ha generado problemas para la apreciación de los vitrales con figuras del Apocalipsis. Pero hay también un riesgo. Delante de las esculturas la feligresía coloca velas. Se sabe del cuantioso patrimonio artístico católico destruido en el mundo debido a los incendios provocados por las candelas. A estas alturas, con toda la experiencia trágica acumulada sólo debe permitirse el uso de los cirios en la misa. Para la devoción popular existen sucedáneos, como los que hay en la capilla del templo guadalupano, a sólo unos pasos de las  velas peligrosas.

Por otra parte, en algunas ocasiones el gusto “kitsch” impone la iluminación nocturna de la Virgen con dudoso gusto. Desagradables cables son colocados en los bajorrelieves de la luna y los rayos solares, en una muestra más de lo que Gustavo Buntinx denomina “estética Norkys”.

Pero el templo ha sufrido otros añadidos. En su techo han colocado una cruz, sin tener en cuenta que la planta del templo tiene forma de cruz, aunque con los brazos elevados, para dialogar con el Cristo de Maccagno. Y para continuar con este afán de convertir un templo moderno en colonial le han agregado dos campanas en las paredes exteriores.

Finalmente, han culminado importantes obras de infrestructura para los servicios de la parroquia, el problema es que el arquitecto despistado ha abusado de los arcos, que para nada dialogan con la arquitectura del templo.

WINTERNITZ

Asociamos el arte del vitral con el gótico, cuando las grandes catedrales elevadas temerariamente al cielo tenían amplios ventanales con vidrieras de colores que iluminaban el interior del templo, al mismo tiempo que servían para representar una variada iconografía. Pero también hay vitrales contemporáneos. El impulso de este arte en el Perú fue el pintor Adolfo Winternitz. Nacido en Viena (1906), vino a Lima en 1939. Desde 1942 se hizo ciudadano peruano.

Para Winternitz el artista es un instrumento en las manos de Dios, un continuador de la obra de la creación, por eso decía en una entrevista: “Me he sentido siempre como peón de un juego de ajedrez de la Providencia”.

Además, fue un defensor de la “integración de las artes” en la construcción de edificios. Para esto, desde un principio deben trabajar juntos arquitecto, pintores, escultores, mosaiquistas y vitralistas.  Al respecto decía lo siguiente: “La obra “integrada” es inamovible, creada para un determinado sitio, una determinada arquitectura y destinada a determinadas personas, entidades, comunidades, etc. Este tipo de creación requiere naturalmente del artista una mayor entrega al prójimo, una mayor penetración al ambiente y al medio humano en que vive y crea, y un espíritu de servicio a través del compromiso que tiene con su vocación y con los demás” (entrevista).

La creación de un vitral “winternitz” se inicia pintando un pequeño boceto, luego se pasa a uno de tamaño real, resultando grandes cartones que se enrollan y se envían a Suiza, a los talleres de vitrales donde la obra es ejecutada. Luego vienen los bloques para ser colocados. Los hay de dos tipos: los vitrales en vidrio emplomado (vidrieras delgadas) y los vitrales en vidrio-cemento (vidrieras gruesas). Así trabajó Winternitz en España, Chile, Austria, Alemania, Ecuador , USA y nuestro país.

En  mi opinión, los templos con vitrales -y en algunos casos mosaicos- de Adolfo Winternitz que deberían ser declarados Patrimonio de la Nación son:

  1. Capilla del Cementerio Británico (Callao), 1959.
  2. Santa Rosa de Lima (Lince), 1960.
  3. Nuestra Señora de Guadalupe (La Victoria), 1966.
  4. San Antonio de Padua (Jesús María), 1969.
  5. Nuestra Señora de las Mercedes (Paita, Piura), 1973.
  6. Nuestra Señora del Carmen (Miraflores), 1979.
  7. Capilla de la PUCP (Pando), 1979.
  8. San Francisco de Borja (San Borja), ejecución póstuma en 1999.

Será el mejor homenaje para los representantes del arte sacro peruano contemporáneo y evitará que se sigan alterando sus creaciones.

IMÁGENES: Fotografías del autor.

Virgilio Freddy Cabanillas.

peruanticuario@yahoo.es

999107298

Para las biografías de Adolfo Winternitz y Anna Maccagno revisar:

http://facultad.pucp.edu.pe/arte/facultad/galerias-especiales/adolfo-winternitz/

http://facultad.pucp.edu.pe/arte/facultad/galerias-especiales/anna-maccagno/

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