He llegado tarde a tu despedida maestro Miguel, pero no importa porque nunca te has ido.

Profesor Miguel Maticorena, usted siempre fue un signo de contradicción en la universidad y en la sociedad. Cuando la mayoría pone como norte de su vida el dinero, el placer y el poder, usted nos enseñó que el amor a la ciencia es más importante que todas las vanidades juntas. Éramos jóvenes acechados por ventiscas vanas y veíamos en usted a alguien que estaba por encima de la inmediatez, las mascaradas y los dobleces.

Mientras el mundo se desvivía por lo insustancial, usted nos contaba con entusiasmo que tenía un libro nuevo, objeto que había que venerar lavándose las manos para tocarlo. ¡Cuánta enseñanza en ese gesto que nos parecía gracioso! ¡Cuánto mensaje en el ceremonial del bibliófilo! Manos limpias para la ciencia.

Imagen 347 - copia (3)

Residencia. Con Paco Morales. abril de 1957 - copia - copia

Con terca pasión nos convencía de que un dato aparentemente anecdótico -por ejemplo, la frecuencia de cierta palabra en un cronista- podía servir para empezar a entender procesos complejos, que nosotros inexpertos apenas avizorábamos. Ahora lo entendemos, Maestro.

Muchos son capaces de sacrificar en la hoguera de los cargos públicos sus principios, su dignidad, sus apellidos. Usted, en cambio, a pesar de los méritos no se desvelaba para que lo hagan jefe de algo. Y cuando le tocó ser director de la Escuela de Historia, usó el cargo para inyectarle una dosis de vitalidad a la institución, con una intensa actividad académica que hasta ahora recordamos.

La generosidad no es una virtud frecuente en nuestros tiempos. Pero a usted le sobraba. Su casa se abría para mucha gente, incluso para aquellos que estaban en la orilla opuesta de su pensamiento. Una puerta siempre abierta para el que quisiera aprender de su experiencia y escuchar los datos increíbles que su memoria guardaba o la millonésima repetición de su clase permanente sobre la Nación. ¿Quién no ha estado en su casa charlando horas tras horas?

Una puerta siempre abierta, en la que a veces colgaba un cartelito indicando su hora de retorno. Pero un corazón grande también. Usted no ocultaba información, compartía sus fuentes e ideas en germen, no guardaba el conocimiento en el arcón del egoísmo. Y no puedo olvidar cuando sacaba las monedas de su bolsillo para que sus estudiantes jóvenes pudieran fotocopiar libros y artículos.

sechura 1971-al medio foto de 1951 - copia

Hablaba también de la honestidad intelectual, del respeto a las ideas y aportes de los otros. De ahí la obsesión de sus alumnos por citar correctamente, como si el Maestro estuviera siempre a nuestro lado sacando un libro tras otro o hallando la fotocopia perdida en los estratos geológicos de su biblioteca -toda la casa-, para precisar con erudición un dato, un autor, una fecha.

Rememoro cuando nos motivaba -o más bien obligaba- a escribir o a disertar en los coloquios; estaba ahí para alentarnos, sugerir temas, corregir metidas de pata, siempre presente, siempre ágil, siempre joven, el Maestro total.

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homenaje santo domingo jun 2003 - copia

Pero sobre todo profesor Miguel, usted era un hombre bueno. Varias veces lo escuchamos resaltar alguna cualidad de personas por las que nadie quería apostar un centavo. Y sabía elogiar los aportes por más pequeños que fueran.

Y era sabio, porque enseñaba y aprendía. Con qué interés escuchaba a sus alumnos que le contaban de nuevas teorías o de hallazgos recientes, en un proceso de enseñanza-aprendizaje poco frecuente en un hombre culto y de edad avanzada.

Pero eso no significaba claudicar ante la mediocridad. Los errores groseros los señalaba con severidad. Alguna vez me dijo que merecía una bofetada, y tenía razón. Pero era un hombre bueno y luego trataba de alentar a su víctima pensando que se le había pasado la mano.

PABLO MACERA 2011

Copia de Img_0013

Estaba trabajando lejos de Lima cuando partió y no estuve en su despedida final. Lo lamenté mucho, pero quizá fue mejor así. La verdad es que nunca se ha ido. Porque fue también un hombre de fe, y compartiendo esa esperanza espero algún día volver a encontrarlo, para reírnos un poco de estos pobres apuntes que pretenden ser un discurso.

Gracias por todos estos años, Maestro Miguel.

Y hasta pronto.

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Virgilio Freddy Cabanillas.

NOTA:

Las fotos antiguas son del archivo personal del profesor Maticorena. Poco antes de su accidente el profesor pidió a Hugo La Rosa y al autor, duplicar varias fotografías que guardaba entre sus recuerdos. Estas son algunas de las imágenes escaneadas. Todas las fotografías originales fueron devueltas al profesor. Una de ellas -la que lo muestra remando- ya la dimos a conocer en el facebook hace un tiempo.

La fotografía con Macera y la de la conferencia fueron tomadas por el autor en la Casona de San Marcos.

La última es un recuerdo entrañable. La tomó algún amigo la noche en la que inauguramos una exposición en el Museo de Arqueología y Antropología de la UNMSM.

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4 comentarios en “He llegado tarde a tu despedida maestro Miguel, pero no importa porque nunca te has ido.

  1. Por mi parte, no tuve el honor de ser alumna del ‘Mati’. Lo conocí hacia el 2010 en el Coloquio de Historia de San Marcos, en que no llegaban los ponentes y yo era el único auditorio, así que Maticorena miró por todas partes, se sentó en la mesa de ponencia y dijo: “bueno… no llegan los ponentes, hay que seguir con el Coloquio… tocaré el tema de Nación…” y fascinada tomé nota, naturalmente, era la primera vez que le escuchaba hablar del tema, no sabía yo que era su ‘discurso habitual’. Posteriormente me enteré que también organizaba el Coloquio de Historia de Lima, algo desconocido para mí pues había estudiado en la Facultad de Letras pero nunca había oído hablar de estos Coloquios. Observaba que Maticorena llegaba tambaleante y raudos corrían sus alumnos a ayudarle y él los echaba a todos: “yo puedo solo, déjenme”. También recuerdo cuando anunció la muerte del profesor Carlos Eduardo Zavaleta y murmuró: “oh, ¡se están muriendo mis amigos! ¿Acaso seré yo la próxima víctima?” Y recuerdo que durante el velorio en el Salón de recepciones de la Casona mientras le fotografiaban decía: “desde el otro ángulo, que se vea que sostengo la pluma, así…” Y aún le pude ver en otros Coloquios hasta que vi los cartelitos a por su Misa de difuntos. Llegué a asistir a su velorio en el Salón de grados de la Casona. Muchos arreglos florales, algunos de mis ex profesores de Letras estuvieron presentes y muchos deploraban que no se le hubiese rendido el homenaje de la Nación como a tantos que han hecho tan poco pero que fueron más mediáticos. R.I.P. Maestro.

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  2. Es un mes especial, estimado Freddy. Aunque Miguel siempre esta presente en la memoria de cuantos lo conocimos gran falta hace ese conocimiento erudito y sapiencia que había acumulado a lo largo de los años… pero más esa voz de maestro y amigo que siempre dispensó a sus alumnos. Gracias por la remembranza, ha habido fino e impecable trazo en la imagen y recuerdo que de Miguel nos has brindado. Así era él. Un fuerte abrazo a la distancia.

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