LA VICTORIA “DE TALCA”: LA GENTE HONORABLE DEVUELVE LO QUE SUS ABUELOS ROBARON

En la tradicional plaza Dos de Mayo de la ciudad de Lima, se encuentra uno de los grupos escultóricos más importantes del Perú. Se trata del monumento a la victoria en la Guerra con España, cuyos autores fueron el arquitecto Edmond Guillaume y el escultor León Cugnot (franceses). La obra se inauguró en 1874.

Alrededor de una columna de mármol lucen de pie cuatro mujeres de bronce con sus atributos; figuras alegóricas que representan a las repúblicas aliadas en la guerra de 1866: el Perú con el camélido y el héroe José Gálvez a sus pies, Chile con el cóndor, Bolivia con un niño fornido -aunque de rasgos europeos- y Ecuador con el cocodrilo del Guayas.  Y en lo alto la diosa Victoria, con la espada en una mano y la palma en la otra.

Sin embargo, hay que recordar que la primera versión de la Victoria era más grande y no se llegó a emplazar en la capital. Estuvo en el Callao y fue robada por los militares chilenos para ser instalada en Talca. Como sabemos, la ocupación de Lima durante la Guerra del Pacífico trajo como consecuencia el robo organizado de archivos estatales, obras de arte públicas, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional, bienes de la Universidad de San Marcos, etc.

Esta práctica de rapiña está documentada, para muestra un botón:

Carta a Domingo Santa María González, presidente de Chile, de Eulogio Altamirano, Comandante General de la Marina chilena e Intendente de Valparaíso, sobre los bienes saqueados en Lima y recibidos en ese puerto

Diciembre 22 de 1882

Querido amigo:

Le incluyo una lista de lo que trae el Amazonas en materia de obras de arte. No insista en meterlas en una bodega; aprovechemos de ellas para hermosear nuestros paseos, ya que están aquí.

Como se verá, desde el cajón N° 52, con que comienza la serie, hasta el 136, contienen la escala de mármol que según Patricio [Lynch] es magnífica y que el querría se pusiera en La Moneda en reemplazo de la muy fea que conduce a las habitaciones del Presidente, o bien se puede aprovechar en la Biblioteca, o bien se puede aprovechar para su misma casa, aquí en Valparaíso.

Recordará Ud. que la escala que tiene es muy fea. En fin, Ud. resuelva.

Lynch me dice: “Habría mandado muchos otros objetos de bronce pero después de las órdenes que recibí del ministerio para levantar monumentos, estatuas, rejas de jardines, ferrocarriles y ahora se me dice que no mande ni las estatuas y jarrones que estaban ocultos, en una bodega. Ya estaban embaladas y hecho los gastos se cubrirán con el producto del remate que haré aun cuando se venderán a vil precio”.

¿No habría sido mejor traerlas que venderlas por nada?

Don Rafael Cruz me dice: “Trece cajones, desde 273 a 305, y que todos ellos llevan en la tapa la palabra Talca llevan estatuas de fierro y pedestales que le he pedido al Presidente me permita obsequiar a Talca. Si el Presidente no se opone espero que Ud. los remitirá al lugar de su destino”. Dígame Ud. lo que debo hacer.

El mismo don Rafael Cruz me dice en una postdata: “[La estatua de] Neptuno va a granel. Se lo recomiendo porque es bonito”. Voy a verlo y si es bueno lo coloco en la Plaza del Orden [de Valparaíso, hoy Plaza Aníbal Pinto] como ya le dije.

Desde el número 137, que contiene una hermosa estatua de Venus, hasta el 149 van siete grandes estatuas.

Espero, pues, que Ud. me permitirá tomar seis de las más pequeñas comprendidas entre los números 180 a 189 para adornar la Plaza de la Victoria. Estando nosotros en la puerta no podemos dejar de sacar coima.

Y después lo que aquí se elija se coloca en el acto, y se aplaude y se celebra, y lo que va a Santiago se pierde. ¿Qué habrán hecho con la Eva y que harán ahora con la Venus que va?

Autoríceme pues, para tomar algo y cuando Ud. venga le gustará encontrarlo todo arreglado y bonito.

Hoy vienen de Santiago cuatro estatuas para Copiapó, pero si no me autorizan para hacer el gasto del envío no puedo mandarlas.

Suyo [ilegible]

Altamirano (http://cavb.blogspot.pe/2012/09/saqueo-chileno-del-palacio-de-la.html).

 

Pero de esta ignominia ha pasado mucho tiempo y hoy está claro que los pueblos civilizados no consideran trofeos de guerra a los bienes culturales. Las banderas, insignias, armas y embarcaciones de combate no se devuelven, pero los objetos que representan la cultura de las naciones deben regresar a los países saqueados. Cabe anotar que ya en ese tiempo, las personas ilustradas conocían esta diferencia, tal como lo demuestra una carta de Juan Antonio Ribeyro -rector de la Universidad de San Marcos- dirigida al comando del ejército chileno que ocupaba Lima. De dicho documento extraemos algunos párrafos:

“Los males de la guerra son hondos, tal vez peores que los que acarrean las epidemias y los fenómenos mismos de la naturaleza: por eso la civilización ha procurado mitigar en cuanto sea posible tantos desastres y tantos infortunios.

La guerra a la sazón difiere en mucho de las guerras de otros tiempos: se batalla hasta poner al enemigo en la impotencia de combatir y compelerlo a hacer la paz; pero no se le  destruye sin objeto […]  Por esta razón siempre se pone a salvo todo lo que atañe a la instrucción, todo lo que pertenece a las artes, todo lo que corresponde a la industria y todo lo que es monumental y civilizador por excelencia […]”. (Lima, 8 de mayo de 1882).

Es vergonzoso que algunas autoridades chilenas se aferren a una obra de arte robada y la mantengan en una plaza con el nombre de Monumento al Batallón Talca. Es hora de que la Victoria vuelva a casa.

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Imágenes:

  1. Portada: Fotografía tomada de Lima clásica. El Perú en libros y fotografías del siglo XIX.
  2. Monumento a la victoria del Dos de Mayo exhibido en París. Se aprecia la Victoria original. Fotografía: Delmaet y Durandelle (1872). Natalia Majluf. Escultura y espacio público (1994), p. 54.
  3. La Victoria que finalmente se instaló en Lima. Fotografía: VFCD

 

Virgilio Freddy Cabanillas

peruanticuario@yahoo.es

999107298

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