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LA VICTORIA “DE TALCA”: LA GENTE HONORABLE DEVUELVE LO QUE SUS ABUELOS ROBARON

En la tradicional plaza Dos de Mayo de la ciudad de Lima, se encuentra uno de los grupos escultóricos más importantes del Perú. Se trata del monumento a la victoria en la Guerra con España, cuyos autores fueron el arquitecto Edmond Guillaume y el escultor León Cugnot (franceses). La obra se inauguró en 1874.

Alrededor de una columna de mármol lucen de pie cuatro mujeres de bronce con sus atributos; figuras alegóricas que representan a las repúblicas aliadas en la guerra de 1866: el Perú con el camélido y el héroe José Gálvez a sus pies, Chile con el cóndor, Bolivia con un niño fornido -aunque de rasgos europeos- y Ecuador con el cocodrilo del Guayas.  Y en lo alto la diosa Victoria, con la espada en una mano y la palma en la otra.

Sin embargo, hay que recordar que la primera versión de la Victoria era más grande y no se llegó a emplazar en la capital. Estuvo en el Callao y fue robada por los militares chilenos para ser instalada en Talca. Como sabemos, la ocupación de Lima durante la Guerra del Pacífico trajo como consecuencia el robo organizado de archivos estatales, obras de arte públicas, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional, bienes de la Universidad de San Marcos, etc.

Pero de eso ha pasado mucho tiempo y hoy está claro que los pueblos civilizados no consideran trofeos de guerra a los bienes culturales. Las banderas, insignias, armas y embarcaciones de combate no se devuelven, pero los objetos que representan a la cultura de las naciones deben regresar a los países saqueados.

Es vergonzoso que algunas autoridades chilenas se aferren a una obra de arte robada y la mantengan en una plaza con el nombre de Monumento al Batallón Talca. Es hora de que la Victoria vuelva a casa.

 

Virgilio Freddy Cabanillas

peruanticuario@yahoo.es

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Fotografía tomada de:

Lima clásica. El Perú en libros y fotografías del siglo XIX.

 

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DANZAS Y CANCIONES DEL PERÚ. Antídoto contra el racismo y la falta de autoestima nacional.

Con motivo de recibir el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa señaló:

“El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad porque las tiene todas!”(Elogio de la lectura y la ficción).

Recordemos que el Aleph es ese mundo misterioso que contiene multitud de lugares, algo así como el Perú:

“Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

-Está en el sótano del comedor -explicó, aligerada su dicción por la angustia-. Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

-¿El Aleph? -repetí. -Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos”

(Borges, fragmento de El Aleph).

 

A partir de esta idea podemos decir que la identidad peruana consiste en la toma de conciencia de que nuestra complejidad étnica-cultural-lingüística, es la mayor riqueza del Perú. La tolerancia tiene que ser un valor fundamental en este país que es la suma de las identidades. Y las artes juegan un papel importante en este proceso de autoafirmación en la diversidad.

Lentamente los peruanos vamos descubriendo esta ventaja del Perú, iniciamos con la gastronomía, ahora símbolo distintivo de nuestra diversidad asumido con orgullo por la colectividad nacional.

Mientras tanto se va afirmando la importancia de las artes plásticas en el descubrimiento de nuestros múltiples rostros: el milagro de la renovación de la colección del Museo de Arte de la UNMSM -que por cierto, incluye a los artistas amazónicos-, el protagonismo que tienen el Museo Arte de Lima y el Museo de Arte Contemporáneo de Lima, el debate sobre la necesidad de un museo nacional, etc., son síntomas de una avanzada que hay que difundir a diestra y siniestra.

Pero hay un rubro fundamental que no podemos olvidar: el canto, la danza y la fiesta. Suelo preguntar a mis alumnos sobre compositores peruanos y la realidad es lamentable. Conocen a los intérpretes populares y los confunden con los creadores de las letras, nadie recuerda a Felipe Pinglo Alva,  Alicia Maguiña, Mario Cavagnaro, Pedro Espinel o Manuel Acosta Ojeda. Apenas se salvan Chabuca Granda y Augusto Polo Campos, a veces.

Eso en cuanto a música criolla. Si les hago escuchar música serrana (Jilguero del Huascarán, Picaflor de los Andes o Jaime Guardia, por ejemplo) todavía hay algunos que se sorprenden y murmuran. Y si muestro fotografías de los trajes usados en las diversas  danzas del país, pareciera que estoy tratando con visitantes extranjeros  que ven por primera vez estas manifestaciones culturales. Algunos cuentan que han danzado en el colegio, pero rara vez recuerdan el nombre de la danza y la región a la que pertenece.

Esta realidad comprobada en alumnos de universidad e instituto superior me tiene alarmado. Uno de los antídotos contra la falta de autoestima nacional y el racismo es, precisamente, el conocimiento, apreciación y goce estético que experimentamos en el encuentro con nuestras canciones, danzas y festividades; sin duda de lo mejor en Latinoamérica.

Un espectáculo tan notable como Retablo, del Elenco Nacional de Folclore, bebería viajar por todo el Perú y salir al mundo como una embajada móvil que pondrá en claro la complejidad de este país, con más contundencia que los libros y las conferencias. Esto requerirá una gran inversión para aumentar el número de danzarines y músicos así como la adquisición de más instrumentos, máscaras y trajes. La notable actuación del Elenco Nacional de Folclore en el Festival Cervantino (México, 2015) es una muestra de que el esfuerzo valdrá la pena.

Proponemos que esto vaya aunado con festivales escolares de danza a nivel nacional y el montaje de una gran muestra en el Museo de la Nación con máscaras y trajes de danzas de todo el país. Cada baile y/o festividad con su respectivo video, por supuesto.

La cereza del pastel será incentivar la investigación, para corregir barbaridades como esa coreografía de moda que tergiversa el sentido de Callejón de un solo caño, hermosa composición de Victoria y Nicomedes Santa Cruz que es interpretada con vestidos y movimientos fantasiosos, bastante alejados de lo que cuenta la letra del tema interpretado.

El privilegio de vivir en el “país maravilloso… que danza con sus penas y alegrías” -como dice la canción de Luis Enrique Ascoy- nos compromete a una cruzada para difundir entre los niños y los jóvenes nuestra música y nuestra esencia. Tal como lo hace Yuyachkani con su obra maestra Los músicos ambulantes: un burrito serrano, un perrito de la Costa Norte, una gallinita afroperuana y una gatita de Lamas nos enseñan que se puede construir un proyecto común respetando las diferencias.

Por lo pronto, comparto con ustedes mi selección de cincuenta danzas y/o bailes representativos del Perú. No están todos los que son ni son todos los que están, pero por algo se empieza.

  1. Marinera norteña
  2. Tondero
  3. Pacasito piurano
  4. Diablicos de Túcume
  5. Carnaval de Cajamarca
  6. Diablos de Cajabamba
  7. Pallas de Corongo
  8. Shachshas de Ancash
  9. Negritos de Huánuco
  10. Io Patati (danza shipiba)
  11. Danza awajún
  12. Fiesta de los Tulumayos (Tingo María)
  13. Huaylash (Junín)
  14. Tunantada (Junín)
  15. Chonguinada (Junín)
  16. Huaconada de Mito (Junín)
  17. Danza de los Avelinos (Junín)
  18. Zamacueca
  19. Marinera limeña
  20. Son de los diablos (Lima)
  21. Alcatraz
  22. Danza del muñeco (“Ingá”)
  23. Zapateo afroperuano
  24. Pallas de Laraos (Yauyos)
  25. Las ingas de Huarochirí
  26. Danza de las tijeras
  27. Llameritos de Parinacochas
  28. La trilla de Huancavelica
  29. Danza del wititi (Colca)
  30. Kayu raymi (Apurímac)
  31. Phallchay (Apurímac)
  32. Carnaval de Tinta
  33. Carnaval de Canas
  34. Qanchi (Cusco)
  35. Paras (Cusco)
  36. Majeños de Paucartambo
  37. Saqras de Paucartambo
  38. Qhapaq Qolla de Paucartambo
  39. Kachampa (Cusco)
  40. Wallatas (Cusco)
  41. Diablada puneña
  42. K’ajelo (Cusco)
  43. Carnaval de Chucuito
  44. Waca waca (Puno)
  45. Pujllay de Santiago de Pupuja
  46. Negritos de Taquile
  47. Pandilla puneña
  48. Carnaval de Putina (Moquegua)
  49. Carnaval de Cuchumbaya (Moquegua)
  50. Carnaval de Putusi (Moquegua)

 

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Fotografía:

Adrianita Cabanillas luego de bailar el Pacasito piurano.

Fotografía del autor

ALGUNOS CASOS DE PATRIMONIO EN PELIGRO

  1. Arquitectura virreinal y republicana de Lima

 La riqueza del paisaje urbano del Centro Histórico, Barrios Altos, Rímac y La Victoria con importantes muestras de arquitectura virreinal y republicana, es innegable. A eso hay que agregar la arquitectura neocolonial del siglo XX, presente en el Centro Histórico y en distritos como Miraflores, San Isidro y Jesús María.

Sin embargo, para quienes caminamos cotidianamente por el Centro Histórico, es lamentable ver el descuido de la ciudad: fachadas sucias y/o pintadas por sectores con colores diferentes, techos con desperdicios o con informales construcciones disonantes, balcones en peligro, balaustradas y cornisas en proceso de destrucción, casonas apuntaladas como sea, esculturas mutiladas, urinarios públicos permanentemente consentidos, restauraciones de nunca acabar, falta de previsión ante la posibilidad de un megasismo, etc.

Todo esto afecta a los bienes patrimoniales, los mismos que guardan la memoria de la ciudad y configuran su identidad. Destacaremos seis casos graves:

  • Plaza Dos de Mayo:

Un edificio incendiado, todo el conjunto afectado por el deterioro y la pérdida de  elementos ornamentales, un grifo ubicado inapropiadamente, suciedad por todas partes.

  • Plaza Bolognesi:

Parte del conjunto arquitectónico derrumbado (Av. Arica), todo el conjunto afectado por el deterioro y la pérdida de elementos ornamentales.

  • El Buque:

Edificio afectado por un incendio y abandonado a su suerte a pesar de su trascendencia y originalidad.

  • Colegio Real:

Conjunto arquitectónico perteneciente a la UNMSM y en franco proceso de deterioro. Recientemente parte de la construcción fue afectada por un incendio.

  • Edificio con cariátides en el Jirón de la Unión:

Recientemente afectado por un incendio.

  1. Balcones de cajón:

  Los balcones virreinales, republicanos, neocoloniales y contemporáneos son símbolos de nuestra arquitectura que debemos poner en valor. Es urgente investigarlos, conservarlos y defenderlos en el Centro de Lima, Rímac, Barrios Altos, Jesús María, San Isidro, Miraflores, Callao, Trujillo, Lambayeque, Cusco, Chacas, Huaura, etc.

En Lima -la “ciudad de los balcones”- muchas piezas están al borde del colapso, pero su importancia histórica y artística parece irrelevante para las autoridades y la ciudadanía en general.

  1. Escultura pública limeña

 Lima es una ciudad con un interesante acervo de escultura pública monumental, que en los últimos años ha sido afectado por acciones -e inacciones- de las autoridades que deberían protegerlo y promocionarlo. Desde el abandono total, pasando por intervenciones distorsionadoras de los diseños originales, hasta el atentado directo destructivo, la actitud de las autoridades deja mucho que desear, lo que nos obliga a reclamar normas claras para la protección de los monumentos conmemorativos y afines, obras de arte fundamentales en la educación cívica de la población y testimonios visibles que ayudan a remarcar la identidad y los valores patrióticos y ciudadanos. Hay que darles el tratamiento que merecen, son obras de arte y el hecho de que estén en la calle no significa que las abandonemos a su suerte.

Consideramos los siguientes casos urgentes:

  • Conjunto escultórico funerario del Cementerio Presbítero Maestro (decenas de esculturas perdidas)
  • Alameda de los Descalzos (la han remodelado pero las estatuas siguen mutiladas)
  • Monumento a la Victoria del 2 de Mayo (numerosas mutilaciones en el bronce)
  • Estatua de la Libertad en la Plaza Francia (antorcha mutilada)
  • Plaza de la Medicina Peruana (numerosos bustos desaparecidos)
  • Colección de réplicas de esculturas clásicas europeas de la Escuela de Bellas Artes (requiere urgente puesta en valor)
  • Monumento a Francisco Bolognesi (el pedestal de roca fue pintado de verde y negro. Hay mutilaciones en el bronce. Pestilencia provocada por gatos callejeros que viven entre las figuras de bronce)
  • Monumento a Ramón Castilla (el pedestal de roca fue pintado de verde y hay mutilaciones en el bronce)
  • Monumento al Libertador San Martín (pintado de la roca granítica)
  • Monumento a Manco Cápac (encerramiento de la escultura)
  • Monumento a Washington (destrucción de la banca semicircular planteada en el diseño original)
  • Monumento a Vallejo (reemplazo del pedestal original -con un verso del poeta- para colocar la placa del alcalde Luis Castañeda).
  1. Atentados contra el Patrimonio. Nadie asume responsabilidades.

 Generalmente es la ciudadanía la que alerta sobre atentados contra el Patrimonio. Las autoridades se enteran tarde y demoran en actuar. Y cuando el asunto es grave y parece un daño irreversible, tanto las autoridades de la cultura como los municipios evitan asumir responsabilidades.

El caso emblemático es el que ocurrió con un muro inca de la calle Loreto. El 2010 el paramento fue desarmado para facilitar las obras del centro comercial Ima Sumaq. Los cuzqueños no vieron ni escucharon nada, sólo reaccionaron cuando el muro fue reconstruido de la peor manera. Y así luce hasta hoy, como si nada hubiera pasado.

  1. Exposiciones que ponen en peligro el Patrimonio

  No son pocos los museos que incumplen su misión de proteger la colección que se les ha encargado. Mencionaremos el caso de las litoesculturas de la cultura Recuay, que se exhiben al aire libre en el llamado “Parque Lítico” del Museo Arqueológico de Ancash (Huaraz). Hace varios años que decenas de piezas están sometidas a la agresión del clima serrano, como si la piedra fuera un material indestructible.

  1. Latrocinios en perjuicio del Patrimonio

 Los robos de piezas de valor histórico, arqueológico, artístico, paleontológico, etc. son noticia constante. Los ataques a museos, iglesias virreinales y cementerios arqueológicos han derivado piezas notables de nuestro Patrimonio al tráfico internacional, lo que significa pérdida irreparable cuando se trata de piezas excepcionales.

Hay que replantear la exhibición de piezas originales y únicas en museos que no cuenten con medidas de seguridad o que estén en sitios solitarios, como es el caso de varios museos de sitio.

 

Fotografía: El Buque en ruinas.

 

ARTE VIRREINAL Y MITOLOGÍA ANDINA.

Conferencia en PETROPERÚ (19-11-2015).

Arte virreinal y mitología andina. Supervivencia, asimilación y fricción.

Multitud de cuadros, murales, keros y esculturas del período virreinal contienen una rica iconografía en la que dialogan, se encuentran y/o se enfrentan el pensamiento andino y el occidental. Debatimos el tema a partir de un conjunto de obras de arte representativas.

 

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LA VIDA EN UN BALCÓN

Balcones peruanos trabajados en madera: virreinales, republicanos, neocoloniales y contemporáneos. Son símbolos de nuestra arquitectura que debemos poner en valor. Es urgente una campaña para investigarlos, conservarlos, defenderlos y/o promocionarlos en el Centro de Lima, Rímac, Barrios Altos, Jesús María, San Isidro, Miraflores, Callao, Trujillo, Lambayeque, Cusco, Chacas, Huaura, Ayacucho, etc.

En Lima destacan los balcones de cajón, de diversos tiempos y estilos, pintados en marrón, verde e incluso blanco. El balcón pasó de los países árabes a  España, y de ahí a América. Lima los aceptó con entusiasmo y se convirtió en la “ciudad de los balcones”. A pesar de la destrucción causada por las autoridades y los terremotos, aún quedan decenas de ellos en la capital del Perú -que en parte- gracias a estas obras de ebanistería es Patrimonio Cultural del Mundo.

Desgraciadamente, muchas piezas están al borde del colapso, pero su importancia histórica y artística parece irrelevante para el Ministerio de Cultura y la Municipalidad de Lima.

Reproducimos la canción de los “cruzados” de una obra teatral de Mario Vargas Llosa, en recuerdo de  Bruno Roselli el italiano que amaba Lima y dedicó su vida a salvar los balcones.

 

HIMNO DE LOS CRUZADOS

¡Los balcones

son la historia,

la memoria

y la gloria

de nuestra ciudad!

Son las voces del ayer

que nos piden

-día y noche,

noche y día-

conservar nuestra ciudad.

¡Los balcones

son la historia…

Son los sueños

que debemos realizar.

Los ideales

que tenemos que encarnar.

Ellos vienen

de muy lejos:

de la India

y de Egipto

y de Córdoba

y Granada

y de Esmirna

y de Bagdad.

Pero son

pero son

pero son

más limeños

que la niebla,

la garúa,

santa Rosa,

y san Martín.

¡Los balcones

son la historia…

Los balcones

tienen gracia

-fantasía, poesía-

y misterio

de conjuro

y de adulterio

y alegría

de función

de carnaval.

¡Los balcones

son la historia…

Son altares

de ilusión.

¡Un balcón

es una rosa!

Miradores

de esperanzas.

Y crisoles

de culturas

y de razas

y de tiempos.

¡Un balcón

es un gorrión!

¡Es una niña!

¡Es un varón!

¡Los balcones

son la historia…

Los balcones

nos vigilan

y nos juzgan.

Nos animan

a soñar.

Nos ayudan

a vivir.

Los balcones

son el tiempo:

el pasado

en el presente

y el porvenir.

¡Los balcones

no pueden morir!

¡No deben morir!

¡No van a morir!

Son antiguos

y modernos.

Son hispanos

y son árabes

y son indios

e indostanos

y africanos.

Son peruanos

y limeños

y limeños

y limeños.

¡Y los vamos

a salvar!

¡Y los vamos

a salvar!

¡A salvar!

¡A salvar!

¡Los balcones

son la historia…

(Mario Vargas Llosa: El loco de los balcones)

 

Fotografía: balcón limeño en peligro. Virgilio Freddy Cabanillas

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3. J. Zárate

Todas las identidades: el imaginario nacional en la colección del Seminario de Historia Rural Andina.

En el arte peruano contemporáneo distinguimos la producción enmarcada en el denominado arte popular y el trabajo de los artistas académico-profesionales. El primer rubro se refiere a la cultura viva de los pueblos manifestada en la plástica. Creatividad  transmitida de generación en generación, expresando en unos casos el mundo ritual y la cosmovisión de las comunidades nativas, y en otros la lucha diaria de los migrantes rurales en los centros urbanos. En estas obras los valores artísticos van acompañados de una carga antropológica vital para entender el sincretismo cultural de nuestros pueblos. Estas piezas contienen además, un valioso testimonio de los dolores y esperanzas de la historia reciente.

El arte popular constituye un medio de expresión con el que la mayoría de la población se siente identificada, a diferencia del arte académico cosmopolita que se siente ajeno y sólo para “entendidos”. En el Perú el hombre de a pie evita entrar a una galería de arte contemporáneo, un territorio que no ubica en su mapa cultural.

Respecto al arte académico-profesional, podemos señalar que ha transitado y transita por varias vías en un proceso de búsqueda constante: el autoexilio de los artistas que partieron para no volver, la reproducción de modelos importados de las metrópolis del arte, la apropiación creativa de dichos modelos creando un imaginario propio a través de un arte prestado y la producción plástica que se afirma en su identidad, que pretende su autonomía basada en el diálogo entre las formas e imágenes cosmopolitas modernas, lo ancestral prehispánico y ese cúmulo de propuestas que aporta el arte popular.

Nos interesa especialmente el diálogo entre el arte académico-profesional que se produce en los grandes centros urbanos y el arte popular-tradicional que tiene su raíz en las comunidades nativas, las poblaciones del interior y los talleres de artistas rurales -que por diversas razones- han emigrado a las grandes ciudades. El referido encuentro evidencia las tensiones y vinculaciones entre lo andino-amazónico y lo occidental, lo rural y lo urbano, lo popular y lo erudito, lo sagrado y lo profano. Dicotomía establecida por Gustavo Buntinx cuando estudia las apropiaciones del retablo ayacuchano por parte de la “plástica erudita” (1994: 13). El resultado es una modernidad alternativa en el arte peruano contemporáneo.

En relación con esto, reflexionamos en torno a una idea que hemos tardado en descubrir y asimilar en el Perú: es posible ser modernos sin dejar de ser nosotros mismos. En ese sentido, el antropólogo Carlos Iván Degregori hablaba de la “aparente paradoja” contemporánea:

“En pleno proceso de globalización, conforme se intensifican las comunicaciones, desplazamientos y vínculos entre todos los pueblos y Estados del mundo, se fortalecen al mismo tiempo las identidades y las lealtades locales, especialmente aquellas conformadas alrededor de la lengua, la religión, las tradiciones, las formas de organización social, es decir, alrededor de la cultura y la historia. Entonces, otra vez, se descubre que el Perú es un mendigo sentado en un «banco de datos», sobre un cofre lleno de infinitas creaciones, recreaciones y apropiaciones culturales cuyo flujo nunca se detuvo” (2004: 5).

Una y mil veces hemos escuchado quejas sobre la falta de identidad nacional en nuestro país. Y otras tantas ha surgido la interrogante ¿es posible esta identidad en un país tan complejo, variado y desarticulado? Hoy, Mario Vargas Llosa brinda una pista para reinterpretar el tema:

“El Perú, como el Aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene identidad porque las tiene todas!” (Elogio de la lectura y la ficción). El Aleph es ese mundo misterioso que contiene multitud de lugares, algo así como el Perú:

“Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

-Está en el sótano del comedor -explicó, aligerada su dicción por la angustia-. Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

-¿El Aleph? -repetí. -Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos” (Borges, fragmento de El Aleph).

A partir de esto podemos decir que la identidad peruana consiste en la toma de conciencia de que esa complejidad étnica-cultural-lingüística, es nuestra mayor riqueza. La tolerancia tiene que ser un valor fundamental en este país que es la suma de las identidades. Y la plástica juega un papel importante en este proceso de autoafirmación en la diversidad.

Aquí conviene recordar una lectura fundamental. A fines de los 70 el crítico Juan Acha discutía el carácter y los desafíos del arte latinoamericano (Arte y sociedad. Latinoamérica). El referido autor señalaba que nuestras artes plásticas necesitan dejar su carácter dependiente y ajustarse a la realidad. Hizo un llamado a los artistas latinoamericanos a apropiarse críticamente de los “procedimientos” y “mecanismos teóricos” de la producción artística de Occidente y vincular el arte con nuestra realidad tercermundista y sus necesidades de transformación.  Señaló el papel del arte en la autodeterminación latinoamericana: “La importancia de las imágenes artísticas en el conocimiento de la realidad es evidente. Y este conocimiento, a su turno, es indispensable para cualquier cambio social” (1979: 112) Teorizar nuestra realidad -arte incluido- nos permitirá autoconocernos y autoimaginarnos: “[…] redefinir el arte implica redefinirnos” (1979: 113). De lo que se trata es de desarrollar un “pensamiento visual independiente” (1979: 21).

Sus influyentes ideas fueron debatidas por artistas, críticos, e historiadores del arte. Pienso que para el caso peruano, parte de los temas planteados por Acha encuentra solución en el encuentro, diálogo y mutua influencia entre los artistas académicos y los artistas populares. Para los primeros, una posibilidad es ahondar en medios tradicionales en cuanto a técnicas y repertorio de imágenes. El  recurso al arte popular.

Una institución en la que podemos estudiar estos procesos es el Seminario de Historia Rural Andina de la UNMSM. Si bien la mayor parte de su colección consiste en obras de arte popular, también hay piezas de artistas académicos que desde un lenguaje figurativo han tocado temas relacionados con la cultura popular.  Aquí el diálogo entre ambas vertientes es intenso y el SHRA no hace distinciones valorativas por el origen, simplemente todo es arte. Posee trabajos de artistas que estudiaron en la Escuela de Bellas Artes de la capital peruana, como Gamaniel Palomino (Lima), Juan Zárate (Jauja), Israel Tolentino (Tingo María), Félix Rebolledo (Catacaos) y Miguel Ángel Espinoza Salas (Arequipa).

También hay una obra de Benjamín Mendoza, artista latinoamericano -así prefiere se le designe-, un ciudadano del mundo que se afincó en el Perú, creador del jituikuntismo: desconcertante conjunción de dibujo, pintura, poesía y filosofía.

Mario Sierra (Andahuaylas) es un caso singular. Trabajador del Hotel Lima -donde vivía Víctor Humareda- se convirtió en ayudante y luego discípulo del genial pintor de La Parada.

También hay trabajos de artistas populares de variada procedencia, la mayor parte de ellos “descubiertos” por el SHRA: Félix Chumacero (Huancabamba), Genoveva Núñez Herrera (Ollantaytambo), Zoraida Jara (Bolognesi), Félix Condori Vilca (Huancané), Gladis Mascco (Parinacochas) y Pedro Arturo Torres Garay (Tarapoto).

Los artistas amazónicos están bien representados por Bahín Jisbe (Elena Valera), Pecon Quena (Lastenia Canayo) y Robert Rengifo de la nación shipiba, Enrique y Wilberto Casanto de la nación asháninka, Romer Yagkug de la nación awajun, así como Pablo Taricuarima de la nación cocama. El último de los mencionados ha recibido formación en la Escuela de Bellas Artes de Lima. Hay que estar atentos a los resultados de este artista popular que va al encuentro de las técnicas occidentales.

Finalmente, Víctor Marcañaupa y Sammirt Arribasplata representan a la juventud limeña emergente y autodidacta en arte.

Es una colección pequeña pero coherente. Sintetiza años de trabajo del Dr. Pablo Macera y de los investigadores del SHRA. Tras el lenguaje plástico personal de cada artista asoman visiones de la capital en la mirada del migrante, elementos de la compleja cosmovisión andina y amazónica, los seres naturales que pueblan nuestro país megadiverso, las actividades de la vida cotidiana desde sus propios protagonistas, reinterpretaciones de la historia nacional desde una perspectiva popular, versiones de la historia local -memoria alternativa- desconocidas en la historia “oficial”, rostros de nuestra gente con sus luchas, sueños y esperanzas. Incluso hay espacio para la fantasía desbordante de la juventud, con sus mundos alternos surrealistas.

La pieza emblemática elegida para ilustrar este texto es Pueblo naciente de Juan Zárate. Teniendo como marco un atardecer limeño, se aprecia el contraste entre una alta chimenea y una migrante serrana que cuelga prendas en un tendedero en lo alto de un cerro. El símbolo del progreso “ensucia” el cielo, la mujer humilde limpia y “purifica”. Una versión moderna y popular de La lavandera de Laso.

Conjunción de artistas de las dos vertientes. Sin embargo, queda claro que el arte popular debe ser valorado con sus propios criterios. Por ejemplo, para el arte académico-profesional cada pieza debería ser obra única, para el arte popular el apego a la forma tradicional puede ser tan o más importante que la innovación. En ese sentido, llamar artesanos a los artistas populares queda fuera de lugar. Un asunto que se discutió intensamente cuando se entregó el Premio Nacional de Cultura 1975 a Joaquín López  Antay. El hecho motivó uno de los debates más intensos de la historia del arte peruano. Algunos críticos y artistas cuestionaron que se premiara a un “artesano” y se dejara de lado a los artistas “cultos”. El museólogo, historiador y crítico de arte Alfonso Castrillón destrozó este argumento -en varios textos publicados entre 1976 y 1977- y dejó en claro que es un error confundir arte popular y artesanía. El primero se define como la “expresión plástica” de las vivencias del hombre rural. La actividad artesanal es en cambio, una forma de producción no mecánica que elabora objetos con “cierta habilidad técnica” pero sin interés expresivo-comunicativo (2001: 148, 152, 160).

Descubrir el valor del arte popular peruano ha sido un proceso lento en el que han participado José Sabogal, Alicia y Celia Bustamante, Elvira Luza, Arturo Jiménez Borja, Alfonso Castrillón, Francisco Stastny, Pablo Macera, Emilio Mendizábal, entre otros. Importantes repositorios son el Museo de Arte de la UNMSM, el Museo Nacional de la Cultura Peruana, el Museo del Banco Central de Reserva, el Ministerio de Cultura, el Museo Etnográfico del Centro Cultural José Pío Aza, el Museo de Artes y Tradiciones Populares del Instituto Riva-Agüero (PUCP) y el Seminario de Historia Rural Andina de la UNMSM.

Una exploración de estos acervos es una excursión a varios imaginarios que conviven -en armonía y en tensión- en este Aleph realmente existente que es la suma de todas las identidades.

 

Referencias

ACHA, Juan.

1979   Arte y sociedad. Latinoamérica. Sistema de producción. México: F.C.E.

ANDAZABAL, Rosaura.

2002  Félix Condori. Lagos, demonios y serpientes. Lima: UNMSM.

BRAÑEZ, Angélica.

2004  Félix Rebolledo. Una vida a través de su obra. Lima: UNMSM.

BUNTINX, Gustavo.

1994    El retablo erudito. Apropiaciones artísticas del sanmarcos andino. Alma Mater, (8), 12-22.

CABANILLAS, Virgilio Freddy y Juan SAN MARTÍN.

2007  La vocación del historiador. Entrevista a Pablo Macera. Tiempos, (2), 78-100.

CASTRILLÓN, Alfonso.

2001  ¿El ojo de la navaja o el filo de la tormenta? Lima: Universidad Ricardo Palma.

DEGREGORI, Carlos Iván.

2004 Enciclopedia temática del Perú. Vol. VIII. “Diversidad cultural”. Lima: El Comercio.

GIL, Miguel Enrique.

2005   Mario Sierra. La necesidad de expresión.  Lima: UNMSM.

LEONARDINI, Nanda.

2009  Benjamín Mendoza. Eclosión de sueños. Lima: ICPNA.

MACERA, Javier y María Belén SORIA.

2004  Lastenia Canayo. Los dueños del mundo shipibo/conibo. Lima: UNMSM.

2002  Félix Chumacero. Vida y leyendas. Lima: UNMSM.

PACHAS, Sofía.

2005   Gamaniel Palomino. Lápices, tintas y óleos. Lima: UNMSM.

SALINAS, Alejandro.

2004  La otra historia. Héroes populares del Perú. Lima: UNMSM.

Seminario de Historia Rural Andina.

s/a  Inventario de bienes artísticos y arqueológicos del SHRA. Lima: UNMSM. Catalogadora: Sofía Pachas.

Imagen:

Fotografía: SHRA-UNMSM. Pueblo naciente, Juan Zárate.

Virgilio Freddy Cabanillas

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Copia de Imagen 2 193

EL TEMPLO DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE. UNA OBRA MAESTRA DE LA ARQUITECTURA RELIGIOSA.

“Todo lo que se puede decir acerca de la belleza, que es un tema inagotable, tan inagotable como en la filosofía es el tema de la verdad, se puede reducir en esta frase: lo bello en el arte es lo auténtico y lo que se ha creado por necesidad. La obra de arte permanece, es un ser viviente con valor intrínseco; si no nos gusta es porque no sabemos descifrar su mensaje, porque no entendemos su lenguaje”.

(Adolfo Winternitz. Itinerarios hacia el arte).

“La escultura es un cuerpo desnudo, donde solamente lo verdadero, la esencia de lo que ella es, puede hablarnos. Por eso nosotros, los escultores, tenemos que preparar el terreno con la meditación antes de construir porque es solamente a través de esta disciplina y esa fuerza que la fantasía inventa toma forma y vida. No hay genialidad sin fantasía. No hay fuerza sin meditación”

(Ana Maccagno. ¿Qué es escultura?).

El templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe se encuentra ubicado en el Parque Unión Panamericana, del distrito de La Victoria, Lima. Obra de arquitectura moderna, en él las artes se integran en un monumental espectáculo de luces y colores, creando un ambiente festivo y adecuado para la celebración litúrgica.

La parroquia fue creada en 1956, siendo su primer responsable el sacerdote norteamericano Thomas F. Garrity, de la orden Maricknoll. Por su iniciativa se construyó el templo con dinero recaudado por los fieles durante una década. Fue inaugurado el 14 de abril de 1966, siendo padrinos los señores embajadores de veintiún repúblicas americanas.

El templo guadalupano es un claro ejemplo de “integración de las artes”, cuando arquitectos y artistas plásticos crean una obra conjunta. Aquí trabajaron el arquitecto Jacques Granadino, el vitralista Adolfo Winternitz y la escultora Ana Maccagno. Y es una notable muestra de arquitectura religiosa moderna que asume los principios del Concilio Vaticano II. Su propuesta “centraliza el espacio a través de la acumulación de tres naves orientadas hacia el altar desde diferentes direcciones, definiendo una planta poligonal cóncava” (Miguel Ángel Vidal: Crisis tipológica en las iglesias de Lima en el siglo XX).

LAS OBRAS DE ARTE

En la fachada -sobre la puerta principal y mirando a la calle- se encuentra una gran escultura de Ana Maccagno en acero inoxidable que representa a la Virgen María. Tiene cuatro metros de alto y resalta su volumen plateado sobre el muro, en contraste con un sutil bajorrelieve que muestra los rayos solares y la luna, atributos marianos apocalípticos. A su lado hay una inscripción que remite al texto aparicionista Nican Mopohua: “Yo soy la Madre del verdadero Dios”.

El recinto sacro tiene una gran nave central y dos laterales. El techo es alto y brinda una sensación de monumentalidad. Dos confesionarios están empotrados en las paredes y hay una capilla para el Santísimo Sacramento apropiada para la oración y la meditación personal.

En el presbiterio -detrás del altar- hay una escultura en bronce de Cristo en la cruz; es una versión personal de Ana Maccagno. El Redentor tiene las manos desclavadas y elevadas hacia lo alto, prefigurando la Ascensión. El cuello largo y delgado de Cristo, su cuerpo estilizado y la disposición vertical, contribuyen a generar esa sensación de ascenso y vocación de infinito.

En el templo hay cuatro vitrales en vidrio-cemento y cinco vitrales emplomados del pintor y vitralista Adolfo Winternitz. Las paredes están pintadas de un blanco-cremoso para no competir con los efectos que producen las lunas coloridas.

El altar está orientado hacia el este -por donde sale el sol- como ocurre con los templos antiguos. Encima hay vitrales en vidrio emplomado (vidrieras delgadas). Al centro está representada la Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad, simbolizada por una corona y tres círculos enlazados. En esta imagen principal predomina el color amarillo. Al lado derecho donde se aprecia la estrella de Belén está representado el Adviento. Al lado izquierdo, el camino al Calvario y las espadas de dolor que atraviesan el corazón de María. Es notable el ritmo de estos vitrales laterales con una sensación de movimiento que contrasta con la calma estática del vitral principal.

La iluminación del altar al amanecer, cuando se hace visible Cristo el “Sol de Justicia” es un suceso sensorial y místico inolvidable. Incluso a cualquier hora del día, participar en la misa de cara a los vitrales es una experiencia inefable.

Otros vitrales están en las paredes, en los ángulos formados por la nave central y las naves laterales; en este caso son de vidrio-cemento (vidrieras gruesas). Uno representa al Génesis -el Espíritu de Dios aleteando sobre las aguas y los astros suspendidos en el cosmos- y otro a la Virgen -en azul- en el momento de la Anunciación.

En la capilla del Santísimo -con sus paredes recubiertas con madera- hay dos vitrales pequeños, con ángeles que custodian una réplica de la imagen guadalupana y la hostia consagrada.

Todos los vitrales mencionados hasta aquí son abstractos, entendidos de esta manera: “El arte abstracto está siempre unido a una figura, pero de ella abstrae todo lo exterior y anecdótico y expresa solo su contenido íntimo, lo esencial” (Winternitz. Itinerarios hacia el arte).

En el frontis del templo, a ambos lados de la entrada principal hay vitrales en vidrio-cemento. Están orientados hacia el oeste y representan escenas apocalípticas. El estilo cambia a figurativo. Según la definición del artista: “El arte figurativo es simplemente un arte sugerido por algo natural del mundo visual” (Itinerarios hacia el arte).

En uno se aprecia al Cristo de la visión de San  Juan con los cuatro jinetes del Apocalipsis. En el otro lado vemos la escena de la Mujer y el Dragón. Los vitrales se acomodan a ambos lados de un gran volumen curvo en forma de trapecio  que originalmente era gris oscuro. Esto realzaba el impacto visual de los vitrales, pero hace varios años se le aplicó el mismo color del resto del templo.

Winternitz tuvo predilección por las escenas inspiradas en el Apocalipsis, por eso las volvió a trabajar en su obra póstuma para la Parroquia San Francisco de Borja.

ATENTADO VISUAL

Lamentablemente el año 2014 se desvirtuó el diseño original planteado por los artistas. El Cristo de bronce de la escultora Anna Maccagno -Jesús vivo resucitado- fue retirado de su ubicación original en el altar para ser reemplazado por una imagen de Cristo más bien tradicional. Se trató de un atentado contra el programa iconográfico del templo y una falta de respeto a los derechos de autor de los artistas. Posiblemente los autores del despropósito no saben que la artista italiana radicada en el Perú, fue merecedora de las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta (1993). Afortunadamente, luego de varios meses de ausencia, el Cristo de Maccagno fue devuelto a su ubicación primigenia.

En el atrio del templo se ha instalado una de esas piletas de cemento de dudosa inspiración “neocolonial”, elemento intrusivo que altera la visión de la fachada monumental del templo y compite con la escultura de acero de la Virgen María.

Por otra parte, hacer piletas para jugar con el agua en una ciudad enclavada en un desierto, es ignorar todos los principios ecológicos y de sustentabilidad ampliamente discutidos en los últimos años. En todo caso si querían una pileta podían instalarla en otra área pero nunca delante de la portada del templo.

Pero hay más estropicios, el gusto “kitsch” ha impuesto la iluminación nocturna de la Virgen de la manera más ridícula. Vulgares cables han sido colocados en los bajorrelieves de la luna y los rayos solares, en una muestra más de lo que Gustavo Buntinx denomina “estética Norkys”.

A lo largo de los años se fueron agregando diversas imágenes devocionales en el interior del templo. Esta saturación neobarroca ha generado problemas para la apreciación de los vitrales, tal es el caso de las esculturas de la Virgen de Guadalupe y de San José, ubicadas demasiado cerca de los vitrales con figuras del Apocalipsis.

Pero hay también un riesgo. Delante de las esculturas la feligresía coloca velas. Se sabe del cuantioso patrimonio artístico católico destruido en el mundo debido a los incendios provocados por las candelas. A estas alturas, con toda la experiencia trágica acumulada sólo debe permitirse el uso de los cirios en la misa. Para la devoción popular existen sucedáneos, como los que hay en la capilla del templo guadalupano, a sólo unos pasos de las  velas peligrosas.

Pero el templo ha sufrido otros añadidos. En su techo han colocado una cruz, tal vez las autoridades religiosas no se han dado cuenta que la planta del templo tiene forma de cruz, aunque con los brazos elevados, para dialogar con el Cristo de Maccagno. Y para continuar con este afán de convertir un templo moderno en colonial le han agregado dos campanas en las paredes exteriores.

Finalmente, han culminado importantes obras de infrestructura para los servicios de la parroquia, el problema es que el arquitecto despistado ha abusado de los arcos, que para nada dialogan con la arquitectura del templo.

Sin duda, en algún momento los templos con vitrales de Winternitz -en los que ha trabajado con varios arquitectos y escultores, especialmente Maccagno- serán declarados Patrimonio Monumental, cuando llegue ese día puede haber dificultades para el templo guadalupano porque el Ministerio de Cultura analizará el estado de conservación y la autenticidad. El segundo punto puede dificultar la declaración porque el templo ha sido alterado.

WINTERNITZ

Asociamos el arte del vitral con el gótico, cuando las grandes catedrales elevadas temerariamente al cielo tenían amplios ventanales con vidrieras de colores que iluminaban el interior del templo, al mismo tiempo que servían para representar una variada iconografía. Pero también hay vitrales contemporáneos. El impulso de este arte en el Perú fue el pintor Adolfo Winternitz. Nacido en Viena (1906), vino a Lima en 1939. Desde 1942 se hizo ciudadano peruano.

Para Winternitz el artista es un instrumento en las manos de Dios, un continuador de la obra de la creación, por eso decía en una entrevista: “Me he sentido siempre como peón de un juego de ajedrez de la Providencia”.

Además, fue un defensor de la “integración de las artes” en la construcción de edificios. Para esto, desde un principio deben trabajar juntos arquitecto, pintores, escultores, mosaiquistas y vitralistas.  Al respecto decía lo siguiente: “La obra “integrada” es inamovible, creada para un determinado sitio, una determinada arquitectura y destinada a determinadas personas, entidades, comunidades, etc. Este tipo de creación requiere naturalmente del artista una mayor entrega al prójimo, una mayor penetración al ambiente y al medio humano en que vive y crea, y un espíritu de servicio a través del compromiso que tiene con su vocación y con los demás” (entrevista).

La creación de un vitral “winternitz” se inicia pintando un pequeño boceto, luego se pasa a uno de tamaño real, resultando grandes cartones que se enrollan y se envían a Suiza, a los talleres de vitrales donde la obra es ejecutada. Luego vienen los bloques para ser colocados. Los hay de dos tipos: los vitrales en vidrio emplomado (vidrieras delgadas) y los vitrales en vidrio-cemento (vidrieras gruesas). Así trabajó Winternitz en España, Chile, Austria, Alemania, Ecuador , USA y nuestro país.

En  mi opinión, los templos con vitrales -y en algunos casos mosaicos- de Adolfo Winternitz que deberían ser declarados Patrimonio de la Nación son:

  1. Capilla del Cementerio Británico (Callao), 1959.
  2. Santa Rosa de Lima (Lince), 1960.
  3. Nuestra Señora de Guadalupe (La Victoria), 1966.
  4. San Antonio de Padua (Jesús María), 1969.
  5. Nuestra Señora de las Mercedes (Paita, Piura), 1973.
  6. Nuestra Señora del Carmen (Miraflores), 1979.
  7. Capilla de la PUCP (Pando), 1979.
  8. San Francisco de Borja (San Borja), ejecución póstuma en 1999.

Será el mejor homenaje para los representantes del arte sacro peruano contemporáneo y evitará que se sigan alterando sus creaciones.

IMAGEN: 

El templo antes de las alteraciones. Fotografía del autor.

Virgilio Freddy Cabanillas.

peruanticuario@yahoo.es

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Para las biografías de Adolfo Winternitz y Anna Maccagno revisar:

http://facultad.pucp.edu.pe/arte/facultad/galerias-especiales/adolfo-winternitz/

http://facultad.pucp.edu.pe/arte/facultad/galerias-especiales/anna-maccagno/

Arte mutilado. Foto: VFCD

LA DESTRUCCIÓN OFICIAL DEL PATRIMONIO ESCULTÓRICO DE LIMA

Lima es una ciudad con un interesante acervo de escultura pública monumental, que en los últimos años ha sido afectado por acciones -e inacciones- de las autoridades que deberían protegerlo y promocionarlo. Desde el abandono total, pasando por intervenciones distorsionadoras de los diseños originales, hasta el atentado directo destructivo, la actitud de las autoridades demuestra suma ignorancia que debemos confrontar desde la sociedad civil.

Es lamentable señalar que en este tema, el Estado es el enemigo número uno del arte escultórico. Por esa razón reclamamos normas claras para la protección de los monumentos conmemorativos y afines, obras de arte fundamentales en la educación cívica de la población y testimonios visibles que ayudan a remarcar la identidad y los valores patrióticos y ciudadanos. Insisto, hay que darles el tratamiento que merecen, son obras de arte y el hecho de que estén en la calle no significa que las abandonemos a su suerte.

Por ello es necesario que exista un organismo responsable que haga un seguimiento permanente de las esculturas y que coordine cualquier intervención en el marco de las reglas estrictas de la conservación. Las intervenciones de mantenimiento y restauración, tendrían que ser aprobadas y monitoreadas por especialistas. Y las autoridades tienen la obligación de brindar seguridad a estas obras de arte. En ese sentido, la vigilancia tiene que ser permanente, especialmente de noche.

Por eso me atrevo a preguntar a las autoridades si existe una oficina de la Municipalidad Metropolitana o del Ministerio de Cultura que se haga responsable de los daños que a continuación se detallan.

Lo más importante es que exista sanción ejemplar contra los funcionarios responsables del daño a los monumentos, sea por descuido, sea por intervenciones desafortunadas. Por ejemplo, los señores alcaldes deben entender que los cambios de pedestal o de color -les encanta dorar o ennegrecer las esculturas- sin consultar a los escultores, son faltas de respeto a la labor creativa de los artistas. El diseño original debe ser considerado intangible.

Consideramos varios tipos de atentados contra la escultura pública, en muchos casos combinados:

Desidia, olvido y/o abandono – Atentado directo distorsionador – Atentado directo destructivo – Financiamiento e instalación de pseudoesculturas.

A continuación veremos los casos más importantes.

 

  1. Monumento al coronel Francisco Bolognesi.

En el daño a esta escultura se combinan el atentado directo con el abandono más escandaloso. La obra de Agustín Querol (español) fue inaugurada en 1905, pero la  estatua principal fue cambiada en 1954 por otra del escultor peruano Artemio Ocaña. La extraordinaria pieza original de Querol se conserva en la Fortaleza del Real Felipe.

El monumento a Bolognesi es un grave caso de mutilación de esculturas públicas. Hace varios años fue cortado el sable de uno de los soldados de la parte inferior del monumento (el abanderado). También está mutilado el fusil de otro de los soldados. Hemos denunciado esto desde el año 2001 y hasta ahora nadie lo resuelve.

El atentado distorsionador consiste en lo siguiente: el pilar de granito que sirve de eje al monumento fue pintado de un extraño color verde pálido y la base del monumento de negro.  Esto no es reciente pero -hasta donde sabemos- nadie se ha pronunciado. El atentado ocurrió cuando era alcalde de Lima Luis Castañeda, pero desconocemos si fue una decisión tomada en la Municipalidad o fue ocurrencia de otras autoridades.

El capitel y dos figuras alegóricas están pintados de blanco, pero suponemos que son de mármol (así lo dice Basadre, Historia de la República). Habría que hacer un trabajo cuidadoso para eliminar los agregados inútiles.

De esta manera el diálogo entre el granito, el mármol y el bronce se ha estropeado, por esa razón el monumento ha perdido su contundencia y originalidad. Grave, realmente grave.

Pero hay más. El olor pestilente que tiene el monumento se debe a la casi media docena de gatos que viven entre las figuras escultóricas. Hemos observado que a horas avanzadas -10 a 11 p.m.- hay personas que arrojan comida al monumento para alimentar a los animalitos. Por eso no se van de este refugio.

El entorno arquitectónico es casi tan bello como la Plaza Dos de Mayo. Aquí también la suciedad y el caos campean por todas partes, sobre todo en las noches. Una importante sección de pared -que mira a la Av. Arica- se derrumbó hace varios años y las autoridades no se dan por enteradas. Por esa razón la vista de esta zona de la ciudad es horrible.

Hay que agregar que en esta plaza se cambió el color característico -amarillo pálido- que lucieron los edificios durante décadas. Primero le dieron un matiz ladrillo y posteriormente fueron pintados de anaranjado. Es necesaria una investigación para determinar los verdaderos colores de la plaza y recuperar su autenticidad.

En cuanto a la escultura original de Querol -Fortaleza del Real Felipe- muestra al héroe herido de muerte, ensimismado en su sacrifico consciente, abrazando la bandera y sin soltar el revólver con el que ha disparado el último cartucho. Es una espléndida obra de arte incomprendida desde los tiempos de Gonzales Prada. Los responsables de la fortaleza la tuvieron por años en un rincón, luego la colocaron en la explanada principal donde se lució poco tiempo en todo su esplendor. Sin embargo, la devolvieron al rincón para colocar en mejor posición una mala copia de la escultura de Ocaña, hecha en material deleznable. Triple falta de respeto:

  1. Al héroe: por colocar una estatua de mala calidad.
  2. Al genial Querol: hasta ahora no comprenden la belleza de su obra de arte.
  3. Al maestro Ocaña, ya difunto: por copiarlo sin su consentimiento.

La restauración total del monumento a Bolognesi debe incluir la reposición de la pieza original actualmente en la Fortaleza del Real Felipe, recordemos que es propiedad de la ciudad y no debería estar en manos de los militares. Y no hay que tener miedo de devolver las obras de arte a su estado original.

Hay que tener en cuenta que al pie de esta escultura, Roque Sáenz Peña pronunció su conmovedor discurso:

Coronel Bolognesi: tus sobrevivientes te saludan, todos rodeamos tu monumento, no falta a esta cita ninguno de tus soldados y todos venimos a refrescar en el recuerdo las horas gratas de tu dulce amistad y a sentir las emociones y regocijo de tu pueblo en esta fecha nacional, porque a los muertos ilustres no se lloran: se saludan, se aclaman y se veneran […].

Y en cuanto a la obra de Ocaña -que también es de gran calidad-  puede ser trasladada a otra zona de Lima; por ejemplo la plaza La Bandera.

Todos los años se rinde homenaje a los héroes de Arica en la Plaza Bolognesi. Y a nadie le importa que el monumento esté groseramente alterado por manos filisteas.

  1. Monumento a la Victoria del Dos de Mayo.

En esta tradicional plaza limeña se encuentra uno de los conjuntos escultóricos más importantes del Perú. Sus autores fueron el arquitecto Edmond Guillaume y el escultor León Cugnot (franceses); se inauguró en 1874.

Alrededor de una columna de mármol lucen de pie cuatro mujeres de bronce con sus atributos; figuras alegóricas que representan a las cuatro repúblicas aliadas en la guerra contra España de 1866: el Perú con el camélido y el héroe José Gálvez a sus pies, Chile con el cóndor, Bolivia con un niño fornido -aunque de rasgos europeos- y Ecuador con el cocodrilo del Guayas.  Y en lo alto la diosa Victoria, con la espada en una mano y la palma en la otra.

Desgraciadamente la escultura está mutilada. Iniciando la década de los 90 fueron cortadas las espadas de José Gálvez y las que portaban las alegorías del Perú y Chile. Hoy es un monumento a la Patria desarmada. La alegoría del Ecuador ha perdido los rayos que salían de su cabeza. También hay faltantes en el cóndor chileno y en el cocodrilo del Guayas. Recientemente robaron algunos de los escudos nacionales de la reja de metal. Es urgente la restauración de la escultura y un sistema de vigilancia permanente, especialmente nocturno.

El entorno arquitectónico es de la década del 20 del siglo pasado y no tiene igual en Lima. Desafortunadamente los ocho edificios se encuentran en proceso de deterioro, con sus detalles decorativos desprendiéndose día a día. En las ventanas se lucen carteles publicitarios que hasta hace algunos años estaban prohibidos. Lo peor son las letras coloradas de la CGTP, un sindicato que -además- cuelga permanentemente gigantografías, como si fueran los dueños de la plaza. A eso hay que agregar el panel triangular del Metropolitano en la puerta de uno de los edificios.

Por otro lado, es necesaria una investigación para determinar los colores originales de la plaza Dos de Mayo y recuperar su autenticidad. A fines de la gestión municipal de Susana Villarán los edificios fueron pintados con una variedad de colores, quedaron mejor que con el “celeste sucio” anterior pero faltó restaurar la ornamentación perdida y poner orden al cableado expuesto y caótico.

El entorno es un problema adicional. Hay una nueva construcción de intenso color rojo al costado de uno de los edificios monumentales, cosa que malogra la visualidad del conjunto. Las calles de los alrededores están llenas de suciedad, ladrones y  caos por todas partes. En las noches se permite incluso el funcionamiento de una estridente y maloliente cantina de mala muerte. Y cada cierto tiempo el espacio monumental es ocupado por manifestantes que acampan durante varios días ante la mirada impotente de las “autoridades”.

Recordemos lo que dice la Carta de Venecia (1964) en su artículo sexto: La conservación de un monumento implica la de sus condiciones ambientales. Cuando subsista un ambiente tradicional, éste será conservado; por el contrario, deberá rechazarse cualquier nueva construcción, destrucción y utilización que pueda alterar las relaciones de los volúmenes y los colores.

Por otra parte, el paradero de las combis que van al Callao es un urinario público y punto de reunión de “jaladores” lisurientos. La falta de respeto es total, estos sujetos miccionan en la calle delante de damas y niños. Incluso se puede ver en las noches que algunos se drogan descaradamente; he visto casos de cobradores y jaladores “volando” en los paraderos de Lima al Callao.

A un lado hay un horrible grifo que debería ser retirado. Es una vergüenza que se permitiera la instalación de este negocio que pone en riesgo un espacio monumental. Ya en 1931 la Carta de Atenas advertía sobre la inconveniencia de permitir todo tipo de negocios, actividades y/o instalaciones en la cercanía de los monumentos. En Lima las autoridades todavía no se enteran de estas recomendaciones de los años treinta. El grifo intrusivo está en la zona hace varios años y sería interesante investigar a los funcionarios irresponsables que autorizaron su instalación: “No se otorgarán licencias para grifos de expendio de gasolina y similares en la vía pública, y se cancelarán las licencias de los grifos existentes en el Centro Histórico de Lima” (Reglamento de la administración del Centro Histórico de Lima. Ordenanza 062. Artículo 132, d).

Hoy más que nunca urge su traslado: La Conferencia recomienda sobre todo la supresión de todos los anuncios, de toda superposición abusiva de postes e hilos telegráficos, de toda industria ruidosa e intrusa en la cercanía de los monumentos artísticos e históricos (Carta de Atenas. Resolución 7).

Por las noches, la calle Miguel Zamora es atrapada por la oscuridad y pocos valientes se atreven a cruzarla. Para colmo de males, los baños públicos instalados por la gestión Belmont -con la mejor intención- frente a la plaza, le quitan prestancia a la zona monumental. Lo peor es que ahora gente indeseable micciona detrás de los servicios higiénicos, es decir en la calle, esto ocurre por las noches, envolviendo en pestilencia a los sufridos viajeros que salen del Metropolitano. Ya que han devenido en inútiles, propongo que estos baños se transformen en dos pequeños centros de interpretación, uno para narrar el hecho histórico y otro para explicar la escultura y su entorno arquitectónico.

Pero podemos seguir soñando, el paso a desnivel es útil pero atenta visualmente contra la plaza, tal vez podría techarse hasta el Museo Nacional de la Cultura Peruana por el sur y hasta Plaza Unión (Castilla) por el norte, para poner algún tipo de mobiliario urbano que aminore los impactos negativos ya mencionados.

Volviendo a la escultura, hay que agregar que la primera versión de la Victoria era más grande y no se llegó a emplazar en la capital. Estuvo en el Callao y fue robada por los bárbaros militares chilenos para ser instalada en Talca. A propósito de esto, hace rato que el Estado peruano debería reclamar formalmente la devolución de las obras de arte saqueadas, ahora que está claro que los pueblos civilizados no consideran trofeos de guerra a los bienes culturales. Por lo pronto se puede usar como apoyo el texto del historiador chileno Milton Godoy Orellana (http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0717-71942011000200002&script=sci_arttext).

El reciente incendio ocurrido en la Plaza Dos de Mayo debe ser tomado como una oportunidad para la recuperación total del espacio monumental. Algunas ideas hemos sugerido humildemente líneas arriba, pero podemos ir más lejos. Creemos que ha llegado el momento de la expropiación, puede ser complicado pero es una alternativa para que el Estado pueda intervenir en la ansiada recuperación y protección total, tal como lo señala la Ley General del Patrimonio Cultural de la Nación 28296 (Capítulo II, Artículo 11).

  1. Monumento al mariscal Ramón Castilla.  Plaza Unión.

El monumento a Castilla de la céntrica Plaza Unión, fue obra de José Luis Peña y Peña (1969). Es una estatua ecuestre acompañada de figuras alegóricas. Hace varios años que el conjunto sufrió mutilaciones: robaron las cadenas que portaba el afro-peruano en actitud de romperlas. Y cortaron la espada y la balanza de la alegoría de la Justicia, así como el atributo que portaba la alegoría de la Ley (mi memoria es frágil pero me parece que eran unos grilletes). Las inscripciones que identificaban a las figuras alegóricas han desaparecido.

Debo mencionar además, una grave distorsión que ha dañado la visualidad del conjunto, me refiero al color “verde sucio” aplicado al enorme pedestal de granito. Un mal que se ha difundo en la ciudad y a nadie parece importarle: las autoridades pintan la roca de los monumentos atentando contra su integridad plástica. Hay que precisar que esta pintura fue aplicada en la primera gestión municipal de Luis Castañeda, pero ignoro el nombre de la autoridad que ordenó el despropósito.

La escultura lucha todos los días por distinguirse en medio del tráfico infernal de camiones, volquetes y combis asesinas. Por las noches la plaza está al servicio de sujetos indeseables que ingresan para dormir y hacer sus necesidades. Hemos pasado a medianoche por la zona y no hay vigilancia nocturna. Esta escultura es una obra de arte, un monumento conmemorativo público, pero la tratan como un trasto viejo botado a la calle.

Finalmente debo advertir que se observa fisuras y desniveles en el piso de la plaza, no está demás un peritaje para evitar desgracias futuras, teniendo en cuenta la vía que pasa debajo.

  1. Monumento a George Washington

La escultura es réplica de la obra de Jean-Antoine Houdon. Se inauguró en 1922.  La plaza fue “remodelada” por la primera gestión municipal de Luis Castañeda. El resultado ha sido lamentable. Destruyeron la banca semicircular de curiosos efectos sonoros que acompañaba a la estatua de Washington.

El pretexto fue que el sitio era utilizado por personas indeseables.  Eso quiere decir que para evitar conductas sociales inapropiadas hay que destruir los monumentos. En vez de brindar seguridad a la plaza deformaron el planteamiento original sin ningún respeto por sus valores plásticos.

En el clímax del mal gusto, incrustaron una placa -con el nombre de Castañeda- al pie de la escultura, en el piso, aunque parezca increíble.

Y para que el vandalismo oficial sea completo, el pedestal de roca luce pintado de verde.

  1. Monumento a César Vallejo.

Escultura de Miguel Baca Rossi (1983) emplazada frente al teatro Segura. A la gestión municipal de Luis Castañeda se le ocurrió cambiar su recio pedestal de roca por otro más bien anodino. Así desapareció la frase tomada de Los nueve monstruos: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”. El pedestal original terminó en la basura.

Una ofensa al poeta y al artista, todo para colocar el nombre del alcalde de turno. En este caso la cosa es más grave, ya que en la nueva placa César Vallejo es llamado “poeta universal de la solidaridad”, en clara alusión al partido político de Castañeda. Aquí atentaron contra el monumento y contra la ética.

En ese sentido, hay que estar atentos para que no ocurra lo mismo con la escultura de José Carlos Mariátegui -también de Baca Rossi- retirada con motivo de los polémicos trabajos en la Av. 28 de Julio. Su pedestal de roca no debe ser afectado.

  1. Estatua de La LibertadPlaza Francia.

La Estatua de La Libertad es el corazón de la Plaza Francia de Lima. Fue obsequiada por la colonia francesa (1926) y su autor fue René Bertrand-Boutée, así lo ha demostrado una investigación de Juan J. Pacheco Ibarra.

Desgraciadamente la escultura alegórica ha sido mutilada, quedando sin su atributo característico: la antorcha. También ha perdido la rama de laurel que portaba en el brazo. La luz de la Libertad ya no alumbra en Lima.

El daño fue posible por el abandono del sitio durante la primera gestión municipal de Luis Castañeda. Posteriormente dicho alcalde remodeló la plaza  pero no restauró la obra de arte. Un tema por investigar es la extraña placa de apariencia antigua que lleva el nombre de Luis Castañeda.

A pocos metros está la estatua del padre Dintilhac  (obra de Joaquín Roca Rey). Antes lucía cierto brillo por el bronce, pero ahora es opaca por la absurda aplicación de pintura sobre la escultura. En este caso se olvidaron de restaurar los dedos de la mano derecha mutilados hace buen tiempo.

7. FelinoPez y Cóndor.

Piezas notables de la gran escultora expresionista Cristina Gálvez. Estaban en el Parque de la Reserva y no fueron tomadas en cuenta en la “remodelación” de dicho espacio.

Es urgente colocarlas de nuevo en su sitio original ya que no pueden permanecer guardadas en algún depósito municipal. Quienes dejaron de lado las esculturas de Cristina Gálvez, deberían saber que se trata de la misma artista que elaboró el conmovedor caballito que retuerce su cuerpo torturado en Miraflores. La escultora ya es finada y casi no hay obra suya en espacios públicos, por eso lo que hicieron con sus obras en el Parque de la Reserva resulta doblemente grave.

Cerca a las esculturas mencionadas y frente a la casa diseñada por Sabogal había un gran tumi -no he podido ubicar al autor- que también fue retirado en la remodelación y no ha vuelto a su lugar.

En cuanto al parque es un tema aparte, pero quisiera recordar que esta obra colectiva fue inaugurada en 1929. Con la gestión de Castañeda se creó el Circuito “Mágico” del Agua, para lo cual se  invirtieron cuantiosas sumas de dinero. El resultado fue la tergiversación del sentido de uno de los más importantes espacios públicos de Lima. Una obra para jugar con el agua todo el año… en una ciudad enclavada en un desierto. Donde antes entrábamos libremente recordando a los limeños que se alistaron en el Ejército de Reserva para enfrentar a la invasión chilena, ahora tenemos que pagar por un rato de diversión.  Hasta el nombre original se ha ido perdiendo, la mayoría de personas dice “Parque de las Aguas”. Este ha sido uno de los daños más graves contra la memoria histórica de la ciudad. Daño que parece irreversible.

  1. Monumento al Libertador San Martín.

Cada cierto tiempo los medios de comunicación se indignan cuando los vándalos pintarrajean monumentos, como en algún momento ocurrió con la escultura del Libertador San Martín (Mariano Benlliure, 1921). Estos sujetos merecen una sanción ejemplar, pero hay otros vándalos que deben ser identificados, ya que hubo un grave atentado contra el monumento realizado por las autoridades años atrás.

La estatua se luce encima de la roca granítica simbolizando el histórico Paso de los Andes, pero hace algún tiempo alguien hizo pintar el granito, destruyendo buena parte de la fuerza expresiva que tenía la obra de arte. He observado fotos del monumento de los últimos años y veo que la roca que sostiene a la estatua ha pasado por varios tonos de pintura entre blanco y crema. Lo mismo el pedestal en su parte inferior ha sido pintado varias veces

Es urgente restaurar la integridad de la escultura, no basta con limpiar las pintas que hacen unos desquiciados, hay que retirar la pintura intrusa en el granito, obra de algún vándalo de cuello y corbata. Espero que con tanta pintura encima, algún día se pueda recuperar el diálogo entre el granito y el bronce.

Pero no es el único monumento al Libertador. Hay otro en el Callao (Av. Grau), obra del artista italiano Agustín de Marazzani (1901). Desgraciadamente la escultura está visualmente destrozada -su pedestal fue pintado en rojo y crema- aniquilada por los sicarios del mal gusto que hace rato se han apoderado del primer puerto.

  1. Monumento a Pizarro.

Charles Cary Rumsey (norteamericano), 1935. Esta estatua ecuestre fue  objeto de grandes polémicas. En general, la población estaba en desacuerdo con tener un monumento al conquistador del Perú en el corazón de la capital.

La gestión municipal de Luis Castañeda trasladó la escultura al Parque de la Muralla, pero le privó de su impresionante soporte. Pregunto a las autoridades ¿Dónde está el pedestal? Y sobre todo ¿Dónde están los relieves de bronce  de Juan Manuel Ugarte Eléspuru?

El retiro del monumento a Pizarro conlleva un problema que no tuvo en cuenta la gestión Castañeda: se hace más evidente el espacio vacío que no corresponde al diseño original de  la  Plaza de Armas de Lima y que de alguna manera el monumento disimulaba.

Lo tragicómico es que se inventaron  la “llamada Plaza Perú”, con una pileta al centro que distrae la atención de la hermosa fuente del siglo XVII que está en la Plaza Mayor. Un elemento intruso que compite con una obra original del Virreinato.

A la larga habrá que recuperar para la ciudad este espacio, mediante la reconstitución visual del volumen arquitectónico de la llamada Plaza Perú.

Hasta podemos soñar con reconstruir el arco que estaba al final de la calle Palacio, aquel que tenía la inscripción Dios y la Patria (destruido en 1879). Sería extraordinario devolverle a la ciudad uno de sus mayores símbolos.

Por otra parte, hemos observado que la escultura de Pizarro -ahora en el Parque de la Muralla- ha perdido su brillo y luce opaca, como si estuviera impregnada de una sustancia inapropiada. Lo mismo pasa con la escultura ecuestre de Fermín Tangüis (Manuel Piqueras, 1951) en el Parque de la Reserva y las piezas de bronce de la Fuente China (Moretti, Graziosi y Gemignani, 1924) del Parque de la Exposición. Hay que investigar.

10. Cementerio Presbítero Maestro.

Inaugurado en 1808. Es uno de los más importantes conjuntos de escultura funeraria de América Latina. Ahí se lucen obras de artistas italianos, franceses y peruanos.

Sin embargo, durante años se ha permitido el saqueo sistemático de esculturas -se han perdido por lo menos setenta-, así como innumerables elementos de mármol y bronce arrancados de los mausoleos. Es obvio que el retiro de pesadas esculturas de mármol y/o bronce sólo es posible con ayuda de maquinarias.

Este museo-cementerio podría ser uno de los mayores atractivos turísticos del Perú pero el estado de sus mausoleos saqueados es un escándalo mayúsculo. Ahora es un museo que exhibe la desidia e incompetencia de las autoridades y el afán autodestructivo de los peruanos.

Al frente está el Cementerio El Ángel en cuya portada hay un mural de mosaico de Szyszlo y un conjunto escultórico de Roca Rey. Esta obra también requiere mantenimiento y la reposición de las partes de bronce mutiladas.

  1. Alameda de los Descalzos.

Emblema olvidado de Lima, la Alameda de los Descalzos se encuentra en una situación que debería provocar la vergüenza nacional. Construida por el virrey Marqués de Montesclaros (1611), se transformó en el siglo XIX cuando se colocaron las doce estatuas de mármol que representan a los signos del zodíaco y seis más pequeñas en la entrada principal (dioses griegos). Todo el conjunto escultórico es obra de artistas italianos.

En 1877 el viajero norteamericano George Squier describió el sitio y lo elogió con entusiasmo:

Entre los paseos públicos, el más importante se llama El Paseo de los Descalzos o Nuevo y está situado en el extremo más lejano del arrabal de San Lázaro. Es un paralelogramo de 457 metros de largo, con árboles plantados espaciadamente, que tiene una zona que se extiende longitudinalmente por su centro rodeada por elevadas barandillas de hierro, ubicadas en paseos cubiertos de grava, con asientos, jarrones, estatuas y gran variedad de arbustos y flores. Se entra a él por un portón bastante elaborado de hierro y en su extremo más distante, casi al frente del convento de los frailes descalzos, que le da su nombre, hay una fuente. En su forma actual data tan sólo de 1856. En todo sentido, este paseo es una obra pública de buen gusto y muy estimable, digna de cualquier metrópoli.

Pero los tiempos de gloria pasaron y hoy la Alameda de los Descalzos es un monumento a la indiferencia. Como espacio público es inigualable, pero fue condenado al olvido y a lo largo de los años se permitió el robo de las bancas y de secciones de la reja de hierro. Por las mañanas es fácil encontrar evidencias de que en las noches la Alameda es tierra de nadie.

Las esculturas han sido pintarrajeadas y mutiladas. Los casos más graves y recientes son los daños que han sufrido las esculturas de Cáncer y Piscis. Ambas han perdido la mano derecha y el primero -además- la larga vara que sostenía.

La situación de la Alameda de los Descalzos es dramática. El conjunto monumental necesita restauración urgente y sobre todo vigilancia permanente. Hay que agregar que al fondo de este paseo público se encuentra el Convento de los Descalzos, con su importante museo de arte religioso. Institución que -al parecer- nunca tiene resguardo policial. A las autoridades no les interesa en absoluto brindar seguridad a un recinto que conserva importantes muestras del Patrimonio de la Nación.

Acaba de inaugurarse con bombos y platillos la “restauración” realizada por el alcalde Luis Castañeda. Sin embargo, las esculturas siguen mutiladas. En esta intervención debió invertirse el dinero en lo más importante, la recuperación de las estatuas. El piso, las bancas, los jardines, etc. pudieron esperar, pero una vez más las autoridades limeñas demostraron que el arte no les interesa, su preocupación es la publicidad en favor de la imagen del señor alcalde.

Hay que tener en cuenta que la restauración de las esculturas debe estar a cargo de especialistas -si es necesario extranjeros- cualquiera no puede meter la mano en estas obras decimonónicas. Además, terminada la intervención se necesita vigilancia constante, especialmente nocturna.

La Alameda espera con urgencia una verdadera puesta en valor y una propuesta de desarrollo local. Hoy es claro que la herencia cultural de los pueblos es también un recurso para el bienestar de la gente. Su conservación y uso contribuye al progreso sostenible de las comunidades, siempre y cuando sea racionalmente, se respeten los valores que encarna y no se erosione su sentido original.

En el caso de este paseo público rimense, el entorno humano cobra importancia decisiva. La gente debe integrarse al proceso de recuperación y puesta en valor, para recibir los beneficios del turismo que será un factor de progreso para los vecinos. Si no es así, todo será en vano.

  1. Colección de réplicas de esculturas clásicas de la Escuela de Bellas Artes.

Donación de Rafael Larco (1935). Obras griegas, romanas y renacentistas. Esta valiosa colección ha recibido tanto maltrato como la Escuela de Bellas Artes. Las esculturas están rasguñadas, pintarrajeadas y en algunos casos mutiladas; por ejemplo, uno de los hijos de Laocoonte ha perdido la cabeza. La ubicación de las estatuas entre las galerías y bajo los arcos de los claustros, no permite apreciarlas y están expuestas constantemente a daños.

Es una colección desaprovechada, que bien podía convertirse en un extraordinario museo de escultura. Pero vamos a esperar a que terminen de destruirse para recién lamentarlo.

Se nos cae la cara de vergüenza al saber que existen varios museos latinoamericanos que exhiben copias de esculturas famosas de manera digna. El caso más célebre es el Museo de Historia del Arte de Montevideo. Aunque no sean de mármol, las réplicas exactas brindan una experiencia estética similar a las originales. Pero los peruanos no sabemos lo que tenemos.

 13. Monumento al mariscal Andrés A. Cáceres.

Luis Agurto, 1951. Jesús María. Actualmente la plaza y el monumento lucen impecables, pero hay que recuperar una de las esculturas: el fusil del soldado ha sido mutilado.

Además hay que restaurar los relieves laterales (batallas de Tarapacá y Marcavalle) donde hace varios años sujetos indeseables cortaron varios elementos.

De igual manera se podrían restaurar los detalles dañados en los relieves de mármol del monumento a Bolívar (Tadolini, 1859).

 14. Monumento a Humboldt.

Obra del escultor alemán David Dancer, 1935. Este conjunto escultórico es el caso más escandaloso de robo sistemático e indiferencia de las autoridades. Las piezas de bronce fueron arrancadas una a una: el pequeño mamífero, las aves marinas, el osito; dejando la cabeza del sabio alemán en la más espantosa soledad.

Cuando se remodeló el Parque de la Exposición construyeron una réplica del conjunto escultórico, pero lamentablemente esta obra no está a la altura del original. Basta ver las fotografías antiguas y apelar a nuestra memoria visual para comprobar que las proporciones de las piezas han variado. La pobre réplica ha sido dorada hasta el ridículo y su pedestal pintado de plomo-azulado.  Hay que hacerla de nuevo, pero bien.

  1. Plaza de la Medicina Peruana.

Frente al hospital Dos de Mayo. En 1953 se inauguró un monumento a Daniel Alcides Carrión, obra de José H. Huerta. Desde 1972 el sitio se denomina Plaza de la Historia de la Medicina Peruana. La escultura original fue reemplazada por un trabajo de Juan Manuel Ugarte Eléspuru, Marcelino Álvarez y Williams Buendía.

En la plaza se instalaron bustos de destacados médicos peruanos y réplicas de los diseños Sechín. Abandonada durante años, en la plaza había medio centenar de bustos de los cuales se nota la ausencia de la mitad.

  1. Monumento a Manco Cápac.

Un atentado visual que se agrega a esta lista es el estropicio cometido con el monumento a Manco Cápac (David Lozano, 1926). Nos referimos a la polémica remodelación de la plaza. La visualización de la escultura ha sido alterada radicalmente, la estatua aparece atrapada por el cemento de una estructura que no dialoga con el imponente pedestal. Para colmo hay rejas. La prisión simbólica del buen arte.

También vemos grandes bloques verticales que emergen desde el piso, y que para nada armonizan con la arquitectura cercana: el municipio, el templo y el local del Scotiabank, todos en estilo neocolonial. Miopía urbanística.

Se ha anunciado que la estructura que asfixia al monumento va a ser un museo. Buena intención, pero hay que recordar que un museo es una institución cultural que conserva un patrimonio, realiza INVESTIGACIÓN y se proyecta a la comunidad mediante exposiciones y programas educativos. ¿Estarán usando bien el concepto de museo?

Todo profesional debe trabajar con ética, y en el caso de la arquitectura y del arte es indispensable el respeto por la obra ajena. ¿Creen que David Lozano aprobaría estas  modificaciones al entorno de su escultura? Difícil. Pero la falta de sentido común y cierta vanidad lleva a algunos arquitectos a intervenir en la obra de otros para hacer monumentos a su propia “gloria”.

Sin duda era necesaria una remodelación, eso significa modernizar algunos elementos formales de la plaza, pero siempre hay que ser mesurado para no afectar el “carácter” original del sitio intervenido. En el caso de la Plaza Manco Cápac la estrella es la imponente escultura de Lozano, nada debe competir con ella, nada.

¿Cuánto dinero invertido en este despropósito? Bastaba con restaurar la escultura -hecho en parte-, cambiar los pisos y llenar la plaza de árboles y flores. Más colores naturales y menos cemento. Lo irónico es que esto fue realizado durante la gestión de un alcalde arquitecto.

Hubiera sido mejor invertir en restaurar la casa con pilastras jónicas que está  a la espalda del monumento y cuyos detalles están colapsando. O prestarle atención a la casa de la esquina de Manco Cápac-28 de Julio, con su típico balcón de antepecho, que requiere medidas preventivas para evitar que la tumbe el próximo terremoto.

Ya es tiempo también de salvar las cabezas de incas de la Av. Manco Cápac, que van desapareciendo una por una y nadie quiere darse cuenta.

  1. Monumento a la familia.

Miguel Baca Rossi. Plaza San José, Jesús María. Otro caso de intervención desafortunada. Ahora las piezas de bronce lucen un estridente dorado que afea el conjunto. También distorsionaron radicalmente el pedestal: de blanco texturado a negro pulido.

  1. Monumento a los Cabitos.

Es otra obra de Miguel Baca Rossi fue terriblemente distorsionada. Se encuentra en el óvalo de Higuereta y representa a los niños héroes que defendieron Lima de la invasión chilena. Originalmente se apreciaba el bronce oscuro sobre un pedestal de cemento pintado de blanco. Sobriedad absoluta.

Pero el conjunto escultórico fue  dorado hasta el ridículo y el pedestal pintado de azul; así la obra de arte perdió todo su atractivo. Posteriormente la escultura fue pintada nuevamente -esta vez de verde- y el pedestal volvió a ser blanco.  Pero este año la obra de arte ha vuelto a ser intervenida, una vez más luce un estridente dorado.

  1. El retrato de Chabuca Granda.

La Alameda Chabuca Granda fue diseñada por el arquitecto Javier Artadi (1999). Durante la primera gestión de Castañeda desapareció el relieve dorado con el retrato de la gran compositora peruana, ubicado a pocos metros de Palacio de Gobierno. ¿Cómo es posible tanto descuido en una zona tan céntrica?

Dicho relieve fue repuesto en la gestión Villarán aunque -si la memoria no me falla- el original era de mayor calidad plástica.

Algo similar ocurrió cuando desapareció la placa del monumento a Víctor Andrés Belaúnde (Humberto Hoyos Guevara, 1986) a unos pasos del Ministerio de Relaciones Exteriores. A los pocos días apareció una nueva con el nombre de Luis Castañeda. En la gestión Villarán colocaron otra placa con el nombre del alcalde Barrantes, en cuyo tiempo se emplazó la escultura.

20. Contaminación visual del Paseo de la República.

El Paseo del República (o Paseo de los Héroes Navales en sus primeras cuadras) es  uno de los espacios urbanos más impresionantes de Lima: El Palacio de Justicia de fondo y el conjunto escultórico con la fuente en el paseo. Pero el sitio fue destruido visualmente por Luis Castañeda en su primera gestión. Observen las cuatro agresivas chimeneas de pobre diseño que emergen de la estación central del Metropolitano. E intenten tomar una fotografía del Palacio de Justicia. Por eso es urgente un concurso arquitectónico para reparar el daño causado.

En una ciudad Patrimonio de la Humanidad toda intervención debe tener en cuenta el  “Mantenimiento y recuperación de la volumetría, suprimiendo los elementos y volúmenes que atenten contra la armonía del contexto e impidan las visuales a los monumentos y entornos naturales. Incorporación de la Obra Nueva en armonía con la escala y carácter del entorno” (Reglamento de la administración del Centro Histórico de Lima. Ordenanza 062. Artículo 2, b). Por lo visto esta ordenanza no existe para Luis Castañeda.

Otro caso similar ocurrió en el río Rímac. Ahí tenemos dos valiosos puentes históricos: el Puente de Piedra -no se llama Puente Trujillo- del virrey Montesclaros (1610) y el Puente Balta de la casa Eiffel (1869). Nada debería competir visualmente con ellos. Desgraciadamente el paisaje de esta parte del Centro Histórico ha sido desvirtuado con la agresiva inclusión del puente denominado “Rayos de Sol”. La cosa se agrava porque luce un amarillo intenso, color del partido del alcalde. El blanco disimularía un poco la presencia de la punta intrusa que se eleva sobre el río.

  1. Parque Neptuno

En una ciudad declarada Patrimonio Cultural del Mundo nadie debe atreverse a cambiarle de nombre a los espacios públicos tradicionales. Esta falta de respeto a la memoria urbana ocurrió en el Parque Neptuno que pasó a llamarse “Parque de Museos”. Además de inapropiado es absurdo, ya que en dicho sitio sólo hay un museo (el de arte italiano). El Centro de Estudios Histórico Militares no es un museo.

Hay cosas interesantes que se pueden hacer en el Parque Neptuno (llamado así por la fuente con una escultura decimonónica del dios griego), como por ejemplo la reconstitución del conjunto escultórico del Molino de Santa Clara, ahora disperso (Biblioteca Nacional, Museo de Arte Italiano, etc.). Las esculturas representan a personalidades de la cultura italiana y estarían mejor ubicadas en los alrededores del citado museo. No olvidemos que las estatuas conformaban una serie, no tiene sentido que continúen aisladas.

  1. Monumento al Bombero. Lince.

El Monumento al Bombero (Lince) era obra del escultor ayacuchano José Molina Enciso. Una vez más las autoridades peruanas demostraron su desprecio por la escultura pública y su incapacidad para comprender la importancia de la memoria urbana. La Municipalidad de Lince destruyó el monumento al bombero con el pretexto de “remodelar” este tradicional espacio público.

Si bien la escultura no era una obra maestra del arte, los vecinos la estimaban por ser un referente simbólico barrial. Y es que los monumentos ayudan a configurar la identidad de una ciudad, son los guardianes de su historia. Un paisaje urbano encierra los recuerdos y sentimientos de los vecinos, pero nada de eso fue respetado por el señor Príncipe, alcalde de Lince y socio político de Luis Castañeda.

El monumento -cuya primera piedra se colocó en 1947-  ya había sido afectado cuando se le pintó con colores “realistas”, pero ahora ha sido reemplazado por una escultura mediocre rodeada de cuatros chorros de agua. Del obelisco, ni rastro. Otra pileta para seguir jugando con el agua en una ciudad enclavada en un desierto. La cruel ironía es que precisamente, los bomberos tienen problemas para aprovisionarse del líquido elemento en sus heroicas  batallas contra el fuego. La pobreza intelectual y mal gusto de muchos alcaldes ha permitido la invasión de fuentes “ornamentales” que en su mayor parte carecen de valor artístico.

La destrucción del Monumento al Bombero fijó dos posiciones. Lo extraordinario es la actitud de los ciudadanos que salieron en defensa de la historia de su distrito. Lo vergonzoso fue la prepotencia de las autoridades municipales que no dieron  marcha atrás y culminaron su obra destructora. Para eso recurrieron a la violencia física contra los vecinos -entre ellos el nieto del escultor ayacuchano- en un acto salvaje que ha quedado impune.

A última hora el municipio salió con el argumento de que el monumento era un peligro. En ese caso se refuerza, se restaura, pero no se destruye.  Desgraciadamente en nuestra ciudad se piensa que modernizar significa destruir la memoria.

23. Pachakútec

Escultura-instalación de Javier Aldana (1991) emplazada en el atrio del Museo de la Nación. La obra fue trabajada en travertino crema, metal y fragmentos de ladrillo. Urge recuperar su diseño original reintegrando los ladrillos quebrados que estaban en la parte inferior. Insistimos, la apariencia inicial ideada por los artistas debe ser respetada siempre.

24. Plazuela del Cercado

Es el corazón del tradicional Barrio del Cercado. Una fuente de bronce y cinco estatuas de mármol decimonónicas embellecen este espacio urbano. El sitio fue restaurado en la gestión municipal anterior pero el descuido posterior ha permitido que la Justicia siga mutilada (ha perdido la espada). En cuanto a la fuente, han robado una de las aves de metal.

Lo más grave del asunto es que la plazuela  tiene como vecina principal a una dependencia de la PNP. Los vándalos actúan impunemente a pesar de la presencia de la autoridad policial. A la policía se la respeta, a los monumentos también

 

25. Financiamiento e instalación de pseudoesculturas

“Nuestra pequeñez debe contar por uno de sus factores la perenne contemplación de lo deforme: quizá no guardamos altas ideas en el cerebro porque nada bello miramos ante los ojos” (Manuel González Prada. Horas de lucha, 1908).

Es evidente el interés de muchos municipios e instituciones en levantar obras escultóricas en tributo a personalidades ilustres de la patria. El problema es que en los últimos años han proliferado esculturas de pobre calidad que más que homenaje se convierten en espectáculo grotesco. Se trata de figuras humanas con defectos anatómicos, ensayos fallidos de escultura ecuestre,  y/o alegorías ridículas dedicadas a la gloria de los alcaldes de turno. Aquí algunos casos notables: 

  1. La espantosa “voleibolista” dedicada a Akira Kato entre las avenidas Salaverry con Javier Prado.
  2. La desproporcionada estatua de Manuel Cipriano Dulanto en el Callao,
  3. La escultura de Fernando Belaunde entre las avenidas Huiracocha y Escobedo.
  4. El Mariscal Castilla con su caballo famélico en Lince.
  5. Las estatuas alegóricas que aluden a la familia en Puente Piedra.
  6. Chosica. Aquí el asunto es grave, pero sólo mencionaremos la horrible figura del Cristo monumental, el Cáceres a caballo defectuoso por donde se le mire y el Bolognesi cuyo rostro no se parece al héroe de Arica. Hay que agregar que el alcalde Luis Bueno -socio político de Luis Castañeda- gusta de colocar placas en los espacios públicos para elogiar a su persona y a su señora madre, lo cual revela cierto desorden de personalidad. Aquí un ejemplo: “He venido de Apurímac y he llegado a este valle no como el águila en busca de presa sino como el cóndor andino a buscar nido en suelo chosicano”. Habría que informarle que también hay águilas andinas y que el cóndor se alimenta de carroña.
  1. En Bellavista -entre las avenidas Faucett y Venezuela- se han colocado dos estatuas de nuestros héroes nacionales, Cáceres y Bolognesi. La primera es mala copia de una pieza que se encuentra en el Parque Reducto, y en la otra un inepto escultor intenta reproducir la obra de Artemio Ocaña. Copian sin mostrar respeto por el trabajo creativo de artistas famosos ya fallecidos. Además, ambas figuras son enormes para el espacio que ocupan y están rodeadas por piezas de artillería que no corresponden al contexto de la Guerra del Pacífico. Para completar los anacronismos, en algunas ocasiones la zona es resguardada por soldados vestidos con uniformes de tiempos de la Independencia.
  2. La Madre Patria y el Gral. San Martín instalados en la Plaza La Bandera en la gestión de Susana Villarán.

 

INFORME EN PRESENCIA CULTURAL

 COLOFÓN

Basta dar un paseo por el centro histórico de ciudades como México, Bogotá, Buenos Aires o Montevideo para notar la diferencia en el tratamiento oficial del patrimonio escultórico. A las autoridades no se les ocurre alterar la obra artística original y cuando ocurre un desliz, como en el caso del Caballito de Tolsá en México, el asunto se convierte en escándalo nacional y tema de debate público.

Claro que también hay vandalismo, pero lo hace gente indeseable en las esculturas más alejadas, pocas veces ocurre en el centro de las ciudades. Los limeños tenemos mucho que aprender. Ojalá estemos dispuestos.

Virgilio Freddy Cabanillas Delgadillo.

peruanticuario@yahoo.es

999107298

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MUSEO NACIONAL. RECLAMO CIUDADANO.

El museo es la institución educacional democrática por excelencia; es el medio más eficaz para vulgarizar las enseñanzas de la historia. Si tenemos conciencia de nuestros deberes para con el destino de la patria, estamos obligados a trabajar empeñosamente en la magna labor de educar al pueblo, despertando el espíritu solidario de grupo, y forjando así la conciencia nacional. (Julio C. Tello, 1924).

En los países donde hay muchos museos la clase política suele ser bastante más presentable que en los nuestros y en ellos no es tan frecuente que quienes gobiernan digan o hagan tonterías.  (Mario Vargas Llosa, 2009).   

El Estado peruano no ha construido la infraestructura adecuada para el museo nacional en la capital del país. Esa es una gran deuda con la cultura que tarde o temprano tiene que pagar. El entrañable Museo de Pueblo Libre (Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú) posee un local con salas y depósitos vetustos, con pocas posibilidades para una museografía moderna. Los espacios son reducidos, por esa razón culturas tan importantes como Vicús y Recuay se limitan a algunas vitrinas en los pasadizos. Lima, Moche y Nasca comparten una sala, donde es imposible presentar todo lo que la ciencia ha descubierto acerca de estas complejas sociedades. La sala del Formativo es pequeña y estrecha, insuficiente para mostrar -y explicar- los procesos ocurridos en un período tan decisivo. ¿Y qué podemos decir del Arcaico? Apenas una pincelada. En el histórico edificio de Pueblo Libre no hay sitio para incorporar los nuevos conocimientos que la Arqueología, la Antropología y la Etnohistoria brindan sobre las sociedades andinas.

Esas limitaciones deben ser una tortura permanente para el excelente personal que trabaja en las instalaciones del MNAAHP. Hay que agregar que no se pueden hacer exposiciones internacionales de alto nivel. El MNAAHP (Pueblo Libre) sale perdiendo si lo comparamos con el Museo Nacional de Antropología y el Museo Nacional de Arte de México, el Museo Nacional de Colombia en Bogotá, el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, el Museo de La Plata o el Museo de Historia del Arte de Montevideo, instituciones que son símbolos de sus respectivas ciudades.

El Perú necesita un museo arqueológico con infraestructura moderna, con amplios espacios para explicar el desarrollo cultural andino, con salas de exposiciones temporales que permitan traer a nuestro país muestras internacionales, con depósitos preparados para resistir el megaterremoto que se nos viene. Una obra de ese tipo será el mejor homenaje al sabio Julio C. Tello. Una inversión millonaria que vale la pena para educar a nuestro pueblo y para salvar nuestro patrimonio ancestral. Un país que fue escenario de uno de los primeras civilizaciones de la historia y cuya capital tiene un centro histórico que es Patrimonio de la Humanidad, necesita un gran museo. El Imperio de los “tesoros escondidos” debe mostrar su legado en la mejor vitrina: https://www.youtube.com/watch?v=JBD2QJNYB5Y

Esta preocupación sobre el local del Museo de Arqueología y Antropología se remonta a los años 60. Más tarde, -durante el segundo gobierno de Fernando Belaúnde- se continuó con el proyecto del nuevo edificio. Pero los interminables debates de los expertos -había numerosos cuestionamientos técnicos y teóricos- dificultaron su realización. Ya se estaban excavando los sótanos a un lado del Parque de Las Leyendas; recuerdo un cartel que decía más o menos así: “Aquí se construye el Museo Nacional de Arqueología del Perú”. Y guardo un recorte de El Comercio con la espléndida maqueta.

Pero llegó Alan García al poder y se canceló la construcción. A cambio de eso, el gobierno aprista destinó el local del Banco de la Nación -antes Ministerio de Pesquería-  para sede del denominado Museo de la Nación. De esta manera el Perú perdió la oportunidad de tener un museo con infraestructura moderna en los 80.

El proyecto de construcción de un local nuevo para el museo nacional se había frustrado, pero al menos quedaba el premio consuelo del Museo de la Nación. Los enormes espacios y muros indestructibles del edificio “brutalista” brindaban muchas posibilidades para mostrar y proteger el patrimonio nacional. Mucho debieron sufrir los arquitectos y museógrafos para adaptar el local a museo, pero al final el resultado fue interesante.

Para todos fue una grata impresión visitar el nuevo museo allá por 1990. Amplias salas de exhibición y numerosos recursos museográficos recreaban importantes aspectos de la cultura nacional. Obviamente faltaban muchas cosas, pero se había dado un gran paso. Recordamos cuatro grandes muestras: Circuito expositivo prehispánicoContinuidad culturalHistoria del vestido peruano y una exposición de arte peruano contemporáneo (150 pintores y 50 escultores). Las dos primeras quedaron como exhibiciones permanentes y las otras dos fueron reemplazadas. Posteriormente se implementó una muestra permanente para niños. Los amplios espacios del nuevo museo permitieron la realización de notables muestras internacionales, como por ejemplo: Imágenes de la IndiaImágenes de Filipinas, China: 5000 años de civilización, etc. También se realizaron exposiciones temporales sobre las recientes investigaciones arqueológicas: Poémape, Sipán, Sicán, Kunturhuasi, la Doncella del Ampato.

Sin duda la muestra sobre el Antiguo Perú era la más visitada por el público. Además de las piezas exhibidas, todos extrañamos las maquetas, dioramas y réplicas: la aldea de La Paloma, la galería del Lanzón Monolítico, los relieves policromados de Moxeque, el farallón de Poro Poro, los geoglifos de Nasca, la tumba del Señor de Sipán, los murales policromados del Horizonte Medio, la reconstrucción de una tumba Chancay, las espectaculares maquetas del Cusco incaico y de Machupicchu, etc. Queda como recuerdo Arte en el Antiguo Perú -un libro publicado en 1994- testimonio de la gran exposición desaparecida.

Por supuesto que la adaptación del edificio a museo trajo dificultades. Siempre hubo problemas para orientarse en el enorme local. Muchos visitantes recorrían todo el período pre-inca, pero al terminar con el Intermedio Tardío (Reinos y Señoríos) no se daban cuenta que era necesario continuar por un puente hacia la Sala Inca; bastante confundidos regresaban sobre sus pasos y volvían al primer piso a pie, en un alucinante recorrido al revés. Otros jamás descubrían la entrada a la gran exposición de arte tradicional y popular (Continuidad cultural). Un serio problema de señalizaciones. Por otro lado, esta sensación de rutas confusas y elementos desarticulados era fiel reflejo de nuestra realidad; hasta en eso el museo hacía honor a su nombre.

Recordamos también algunas remodelaciones o reestructuraciones desafortunadas. Nos referimos a la que se hizo en la Sala Inca. La exhibición era interesante, pero podía ser mejorada. Sin embargo, la remodelación fue más bien un atentado. Se achicó el espacio, el “diálogo” entre los elementos museográficos se empobreció, una sensación de desorden invadió a la muestra. Incluso retiraron la excelente maqueta de Machupicchu. Sólo en el Perú se puede hacer una intervención para malograr lo que es aceptable. Cambios para retroceder.

EL MUSEO DE LA NACIÓN LIQUIDADO

La invasión de oficinas en los espacios expositivos se inició el año 2004 con la 45 Reunión de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo BID que también se realizó en el museo. Las oficinas construidas para tal efecto quedaron permanentes.

Pero lo peor ocurrió el 2008, durante el segundo gobierno de Alan García. La exposición principal fue desarmada para utilizar los espacios en las cumbres económicas ALC-UE y APEC. Nadie niega la trascendencia de dichos eventos, pero sólo un país bárbaro desactivaría la principal muestra permanente de su museo nacional para realizar actividades ajenas al museo.  No nos imaginamos una situación similar en ningún país latinoamericano. Desafortunadamente, en nuestro país hay autoridades capaces de eso. Nuestras instituciones son tan frágiles, que las decisiones de dos o tres personas -de turno en el poder- pueden traer abajo logros alcanzados en años. La ausencia de la exposición permanente sobre el Antiguo Perú, pretendió ser llenada con  las muestras denominadas Tradición y diversidad en el arte peruano y Unidad en la diversidad: Aproximaciones temáticas a la historia peruana. En ambos casos contaban con piezas excepcionales, pero las dos exposiciones eran minúsculas y desconcertantes para los que sabemos lo que era el Museo de la Nación.

Otro desatino fue el intento de pintar el edificio de blanco, sin tener en cuenta que la arquitectura brutalista se caracteriza precisamente por el cemento cara vista. El gobierno aprista se despidió con otro atentado oficial contra el museo. Para arreglar la estupidez pintaron los muros con un verde “sucio” que hay que eliminar.

El año 2012, con motivo de la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y Países Árabes (ASPA), nuevamente las sedes de la cultura -Museo de la Nación y la Biblioteca Nacional- fueron convertidas en centros de convenciones. Humala siguió el mal ejemplo de Alan García. Pero hay otro asunto que no se tomó en cuenta. Todos sabemos que una reunión de líderes de países árabes entraña una situación de peligro. Las autoridades peruanas son tan irresponsables con la cultura, que convirtieron a dos de nuestros principales repositorios de bienes muebles históricos, arqueológicos, artísticos, etnográficos y documentales en un gigantesco “tiro al blanco”.

Comenté tal situación en su momento y en las redes sociales algunos me tildaron de “exagerado”; seguro no sabían que había peligro real, por eso la Marina de Guerra dispuso que sus corbetas misileras estuvieran alertas para prevenir ataques: https://www.youtube.com/watch?v=jE2KyXRO_qA

Afortunadamente la cumbre terminó sin contratiempos. Pero se puso en evidencia que las autoridades peruanas creen que el progreso se mide sólo con el aumento de los negocios. Su visión limitada del desarrollo humano les hace creer que la ciencia, la educación y el arte pueden esperar.

PROYECTO ACTUAL EN DEBATE

El Ministerio de Cultura se ha propuesto la construcción del nuevo museo arqueológico nacional frente al santuario de Pachacamac. Esto deja de lado un proyecto previo que consistía en remodelar y ampliar las instalaciones del local de Pueblo Libre. Ahora el plan es trasladar todas las  colecciones arqueológicas del MNAAHP y las que estaban en el Museo de la Nación al nuevo edificio.

En cuanto al museo de Pueblo Libre,  se especializará en historia virreinal y republicana. Y el Museo de la Nación servirá para muestras diversas sobre la cultura nacional. Creemos que el edificio de San Borja puede mantener una exposición permanente que explique la configuración de la nación peruana con sus múltiples identidades. La colección del Ministerio de Cultura incluye objetos de valor histórico, antropológico y artístico de distintos períodos y regiones  del Perú. Destacan la colección de pintura indigenista, las obras del ceramista Edilberto Mérida, así como una pintura de Tilsa Tsuchiya, extraordinaria artista peruana cuyas obras maestras se encuentran en colecciones privadas. También un Dalí y un Miró, obras donadas a nuestro país en el contexto del terremoto de 1970, actualmente prestadas al Museo de Arte Contemporáneo de Lima. Imagino también una gran muestra con máscaras y trajes de danzas de todo el país. Cada baile y/o festividad con su respectivo video, por supuesto. Por todo ello el Museo de la Nación merece ser relanzado.

Volviendo al tema del nuevo museo arqueológico, comparto algunos datos que están en el Programa Arquitectónico, en base a este documento se realizó el concurso de ideas para el edificio. El mismo que fue ganado por Alexia León y su equipo. El segundo lugar lo obtuvo Juan Carlos Doblado y las menciones honrosas fueron otorgadas a las propuestas de Ronald Moreira Vizcarra y  Juan Carlos Domenech.

Selecciono algunas de las cifras:

Salas de exposición permanente: 10500 m2.

Salas temporales: 1500 m2.

Depósito de cerámica: 2580 m2.

Depósito de textiles: 2640 m2.

Depósito de líticos: 570 m2.

Depósito de metales: 590 m2.

Depósito de materiales orgánicos: 560 m2.

Depósito de restos humanos: 2600 m2.

Laboratorio de conservación: 1934 m2.

Gabinetes de investigación: 735 m2.

Auditorio: 2326 m2.

Biblioteca: 870 m2, etc.

La temática está planteada de la siguiente manera:

  1. Introducción.
  2. Espacio y tiempo: entorno geográfico y línea de tiempo.
  3. Proceso cultural: culturas prehispánicas.
  4. Materiales y actividades: caza, pesca y recolección / plantas y animales / metalurgia / piedra / barro / vías de comunicación / textiles / otros.
  5. Transformando la naturaleza: ciencia y tecnología.
  6. Ideología: la vida, la muerte, los cultos, los ancestros.
  7. Poblaciones: demografía, fenotipos, genotipos, distribución y diferenciaciones.
  1. El contacto europeo: cambios sociales y continuidad.
  2. La construcción del pasado: la reconstrucción del pasado a través de la arqueología.
  3. Apropiación del Patrimonio: el patrimonio cultural y la identidad histórica nacional / Protección del Patrimonio.

Habría que precisar que la construcción del pasado no es asunto exclusivo de la arqueología. También intervienen la antropología, la etnohistoria, la historia del arte, etc.

El proyecto ha originado intensos debates en las redes sociales. Por ejemplo la ubicación del nuevo edificio. Los grandes museos están en el corazón de las ciudades y en este caso la distancia complicará la afluencia de público. Sin duda el tren eléctrico deberá tener una estación en el museo, de lo contrario llegar desde el centro de Lima será un suplicio. Si vemos el lado positivo se conformará un conjunto atractivo que revitalizará la zona: el sitio arqueológico, el nuevo museo de sitio, el nuevo museo arqueológico nacional y los recreos campestres.

También han despertado preocupación los temas del clima, el suelo, la cercanía con el mar y las consecuencias de un posible tsunami en la zona. Así como el probable daño a antiguos entierros. Varios de estos problemas se pueden afrontar con la arquitectura y la ingeniería. Y el MINCUL ha señalado que no hay daños a restos arqueológicos. Lo más perturbador es el tema del tsunami -riesgo que fue advertido por Hugo Rengifo- aunque el arquitecto José Canziani ha señalado que el museo estará a catorce metros de altura y la ola llegaría a nueve.

Hay que agregar que el plan para el nuevo museo debió trabajarse desde el principio con el personal del MNAAHP, pero sabemos que han sido informados a posteriori.

Por otro lado, sugiero que el nuevo museo tenga un nombre original y de impacto, como lo hacen los grandes museos del mundo, ya que “museo nacional de arqueología” es bastante común. Hay muchas posibilidades: Museo de los Andes, Museo de la Civilización Andina, Museo del Perú Antiguo, etc.

Es importante establecer un diálogo entre el arte de las antiguas culturas andinas y el arte contemporáneo peruano. Esto le dará un atractivo adicional al museo. Para eso se sugiere reservar espacios para murales en la zona de acogida, la cafetería, el auditorio, la biblioteca, los corredores, etc. Además esculturas en los espacios abiertos, en este caso al aire libre por la naturaleza de los materiales (excepto si alguna es de cerámica). Las obras contemporáneas no serían un gasto adicional ya que cada una podría ser apadrinada por una empresa peruana o internacional.

Los artistas que podrían ser convocados:

– Gerardo Chávez (murales sobre tela)

– Fernando de Szyszlo (murales de mosaico y esculturas en cemento y metal)

– Carlos Runcie Tanaka (esculturas en cerámica)

– Ellio Túpac (arte urbano)

– Christian Bendayán (murales sobre tela)

– Ricardo Wiesse (murales de mosaico)

– Víctor Delfín (murales al fresco y esculturas en metal)

– Javier Aldana (esculturas en materiales diversos)

– Rafael Hastings (murales de mosaico)

– Herbert Rodríguez (murales e instalaciones con materiales diversos)

– Benito Rosas (escultura en piedra)

– Margarita Checa (escultura en diversos materiales)

– Alberto Quintanilla (esculturas en metal)

– Jonathan Rivera JADE (arte urbano), etc.

TAREAS PENDIENTES

En Lima hay obras maestras de la historia del arte peruano que se encuentran inexplicablemente lejos del alcance del público. Piezas que ningún país mantendría guardadas, por el contrario las mostraría con orgullo a propios y extraños.

Pondré un ejemplo para explicarme. En 1981 entré por primera vez al Museo Nacional de Arqueología y Antropología y contemplé deslumbrado el gran tumi de la Cultura Lambayeque (43 cm.). Ese mismo año se produjo el robo de la sala de metales y la destrucción de este símbolo del Perú. Afortunadamente se salvó el tumi pequeño de 33 cm., pieza que estaba en el depósito y que hasta ahora no se exhibe, aunque se lució hace algunos años en la exposición del Perú en China. El tumi sobreviviente permanece guardado bajo estrictas medidas de seguridad. Esperamos verlo algún día, tal vez en el nuevo museo.

El asunto de la difusión también es importante. Si antes de visitar los museos peruanos estatales queremos conocer sus contenidos en la web, nos llevaremos una desagradable sorpresa: la mayor parte tiene escasa o nula presencia en la web. Debido a esta falencia generalizada, nuestros museos no existen para el  mundo moderno. Todo museo que se respete aprovecha al máximo este recurso moderno, basta ver las experiencias realizadas por museos de todo el mundo en Internet. Durante años hemos insistido en este tema. Afortunadamente algo se ha avanzado recientemente. El Museo de Pueblo Libre (MNAAHP) ya tiene página web. Además el Ministerio de Cultura ha puesto en línea los catálogos del MNAAHP, Museo de Arte Italiano, Museo Nacional de la Cultura Peruana, Museo de Sitio de Huallamarca y Museo de Sitio de Pachacamac.

El Estado debe reconocer el papel vital que los museos pueden jugar en la educación. Pero hasta ahora no tenemos un museo para niños. Queremos museos repletos de estudiantes y maestros. No nos referimos a las estériles visitas con masas de alumnos escuchando al guía y anotando desesperados. Casi sin mirar las piezas. Nada de eso; queremos guías capacitados en el trabajo con niños, que orienten a pequeños grupos en la apreciación de los objetos exhibidos. Guías que enseñen a mirar y a pensar. Así la visita al museo será una experiencia vital. Podemos soñar también con profesores que dejen tareas que involucren a la familia: los alumnos deben visitar un museo para averiguar temas específicos. Pero acompañados de sus padres.  Un día esos niños crecerán y serán autoridades. Sin duda verán a su país como el tesoro de todo un pueblo y no como un botín que hay que saquear.

 

Finalmente,  hay cierta oposición contra la inversión en un museo de grandes dimensiones, infraestructura moderna y belleza arquitectónica. Sin embargo, sospecho que muchos de los opositores han visitado los grandes museos del mundo y no les ha molestado. ¿Los peruanos no nos merecemos una institución de ese nivel? Colecciones y personal científico hay, falta la infraestructura.

Es más, será un acto de justicia social ofrecer a los peruanos un museo de peso internacional que les permita educarse de una manera dinámica, así como elevar su alicaída autoestima. Esto en relación con nuestro patrimonio. Pero un gran museo tendrá un valor adicional, permitirá a la población apreciar muestras temporales internacionales, actualmente privilegio de aquellos que tienen la posibilidad de viajar por el mundo.

 

 

Virgilio Freddy Cabanillas

peruanticuario@yahoo.es

999107298